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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Cabeza y Democracia
18 de julio del 2006
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
CABEZA Y DEMOCRACIA    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     

Carlos Monsiváis y Sergio Pitol están sobre el entarimado, atrás de ellos, Andrés Manuel López Obrador. Es el 16 de julio de 2006 y más de un millón de personas han marchado para exigir una sola cosa: Democracia.  Platón aseguraba en La República que el demos (pueblo) era un monstruo de mil cabezas cuando se le pedía una decisión a la hora de las cosas trascendentales: ¿Entonces la democracia solía convertirse en una maraña de inexactitudes y equívocos hace un poco más de dos mil años cuando ellos elegían a sus gobernantes? “¿Cómo saber que el pueblo no se equivoca?”, impregnaba con cierta malicia Nicolás Maquiavelo al afirmar que el cuerpo era una cosa y la mente otra. ¿En nuestro tiempo esta disociación maquiavélica llevaría implícito que el pueblo es el cuerpo y ciertos medios de comunicación, el poder omnímodo de la ultraderecha, serían la cabeza? ¿Cómo entender entonces que este cuerpo se rebela ante la cabeza? ¿Cómo comprender que millones de personas, ese monstruo platónico, ya no están dispuestas a seguir masticando los comentarios de esas neuronas discursivas que repiten consignas en contra de la legítima petición popular: voto por voto, casilla por casilla?  Durante la revolución francesa, Robespierre invocaba el principio de fraternidad con la boca mientras que con la mano firmaba la sentencia a la guillotina de su amigo Dantón con la implícita idea de que decapitada la cabeza el cuerpo moría solo.  Algunos mass media (medios de comunicación) intentan utilizar otros tipos de guillotinas después de la desaseada contienda electoral del 2 de julio sembrada de dudas por un IFE poco transparente: 1) Las mentiras repetidas hasta el hartazgo para volverlas verdades en el imaginario colectivo (idea desarrollada por Joseph Göebbels durante el tercer reich nazi  y su control absoluto de los medios de comunicación). Estos medios arguyen que el único camino para lograr un entendimiento entre todas las partes es que los “renegados” amarillos cedan y dejen el camino libre a un candidato azul que se perfila como presidente espurio, porque otra cosa sería “incitar a la violencia” como la marcha realizada este 16 de julio. 2) Condenan a priori –idea kantiana que establece el principio de universalidad de juicio- que todo pensamiento que no sea igual o semejante al suyo está equivocado. Es decir: los millones que puedan marchar, por el simple hecho de ser pueblo, están equivocados (antes de la invasión de EU a Irak y Afganistán, millones marchamos en todo el mundo para tratar de detener esa barbarie y aún así George W. Bush impuso su visión unilateral y desató la guerra, ¿acaso estábamos equivocados?). 3) Utilizan el mutis como arma de desinformación. Durante el día de la mega marcha, salvo contados medios que se han regido por la imparcialidad y objetividad, los tradicionales y reaccionarios mass media se dedicaron a darle más espacio a noticias “trascendentales” como el aterrizaje del trasbordador espacial Discovery o que la diócesis de Rimini haya propuesto la creación de playas espirituales donde los hoteleros regalen copias de los evangelios bíblicos, demostrando que mientras el país se cimbraba por millones de pies durante la marcha, ellos estaban por las nubes, quizás sentados a la derecha de Dios. Este silencio informativo, parecido al Bigbrother orwelliano, descrito en su novela 1984, intenta distraer la atención pública hacia otro lado, hacia el lado de la desinformación y el doblegamiento, porque es cierto que en México, millones de mexicanos viven desinformados y sólo procesan y adoptan neuronalmente espots tales como: “es un peligro para México”, “te va a quitar tu casa” “endeudó al Distrito Federal” “sigue por el mismo camino”.  Desinformación que de seguro los llevó a votar por la derecha, esa derecha que insistió una y otra vez en polarizar a la sociedad mexicana, instaurando tal vez un símil con el planteamiento platónico: estos medios fueron la cabeza y querían pensar por todo el cuerpo. Pero como en toda democracia siempre hay esperanza, Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Guadalupe Loaeza, Luis Villoro, Fernando de Paso entre cientos de intelectuales que están a la izquierda de López Obrador, son la punta de una cabeza que tiene millones de cerebros que tarde o temprano le cobraran las cuentas a esa cabeza espuria y reaccionaria de la ultra derecha y por fin habrá un gobierno del pueblo y para el pueblo que en una palabra significaría: Democracia.  

   
     
     
     


   
   
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