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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Columna de Gerardo Oviedo Crónicas del zócalo del DF
publicada en el periódico nacional La Jornada - Día nueve
     
     
jueves 10 de agosto de 2006
   
     
Crónicas del zócalo del DF    
     
Día nueve    
     
Gerardo Oviedo    
     
   

Un contingente de poblanos junto con Martí Batres (al centro) se presentó a las afueras del Centro Financiero Bancomer para manifestarse pacificamente n Foto: Gerardo Oviedo

La hora fue de madrugada, el periplo largo y el lugar de llegada: el Mega Centro Financiero Bancomer, ubicado en avenida Universidad colonia Xoco. Los poblanos, acampados en resistencia civil en el zócalo de la ciudad de México desde el 30 de julio se levantaron de madrugada para hacer un viaje homérico a través de 13 estaciones del metro. Del zócalo hasta el metro Coyoacán. Mientras los que se quedaban a resguardar el campamento tenían otra tarea titánica: “sacar todas las cosas, porque se va a fumigar. Esto para prevenir cualquier tipo de contingencia; cualquier brote de alguna enfermedad rara”.

Como fuereños, los poblanos preguntaban de vez en cuando mientras bajaban y subían las escaleras subterráneas: ¿Cuántas estaciones faltan? ¿En dónde transbordamos? ¿Dónde nos bajamos?

A lo que se recibía una contundente respuesta: “de la línea azul nos pasamos a la rosa y de ahí a la verde ¿entendido?”, dijo el encargado de llevar a todo el contingente, porque al igual que el día anterior, nadie sabía hacia donde iba a llevarse acabo el acto de resistencia civil. 13 estaciones en total: una señora proveniente de Momoxpan comentó: “pero estás 13 son de buena suerte, ¿no?”, misma que al salir en la estación de Coyoacán hiciera una breve reflexión sobre el paso del tiempo: “entramos de noche y salimos de día”.

Y es que eran las 7 de la mañana y ya un conglomerado de pancartas y cartulinas esperaban a los poblanos: “Fox, traidor de la democracia”. El Centro Financiero Bancomer era el objetivo: “nos vamos para una de las nueve entradas que tiene este complejo”, dijo uno de los organizadores, “ya por ahí debe andar Martí Batres”.

Los poblanos fueron conducidos hacia uno de los accesos y comenzó la resistencia civil bajo la consigna: “bancarios y banqueros no son lo mismo, bancarios son del pueblo, banqueros son culeros”. Y es que el enojo principal, como lo afirmara Josefina: “es que todos estos son una bola de rateros. No los que trabajan aquí, sino los de mero arriba, los que hicieron todas sus cochinadas dando dinero para la televisión, para esa marranadas de la guerra cochina”.

A las 8:30 los ejecutivos comenzaron a llegar con la parsimonia del que va a la oficina a tomar café y desde una computadora dirigir el dinero de millones. Pero su sorpresa fue grande, algunos trajeados miraban y, como si fuera una “rara enfermedad”, se retiraban lo más pronto posible, “no se les fuera a pegar un poco de pueblo”, como lo dijera Alonso N.

Pero las consignas se extendían minuto a minuto, del voto por voto, casilla por casilla se pasaba: “algunos trajeados, son viles arrastrados” “Bancomer, culero, no das para comer”. Incluso algunos ejecutivos intentaban entrar a un cajero automático y eran rechazados por el contingente femenil de puebla, quienes simplemente explicaban: “es una lucha pacífica. Disculpe las molestias, pero estamos invirtiendo en democracia”.

En ese momento llegó el presidente capitalino del PRD, Martí Batres: “compañeros y compañeras, este movimiento es pacífico. Recuerden, la lucha no es contra los trabajadores que laboran en esta institución, sino contra los orquestadores de la guerra sucia. Así que no insultemos y no caigamos en provocaciones... les informo que en este momento se esta llevando también esta misma acción de resistencia en el centro Banamex...”

Los poblanos se apostaron en una fila, contabilizándose más de 100 y, bandera en mano, no se movieron a pesar de que a sus espaldas había un agrupamiento de granaderos cuya única orden era mantenerse como valla humana y observar el acto sin intervenir en activo.

Entonces Martí Batres Guadarrama lanzó unas palabras de aliento: “a los compañeros de Puebla los alentamos a que sigan luchando. Esta es una lucha nacional, en todo el país, y desde aquí sabemos de las acciones que realizan. Un abrazo fuerte para todos ustedes”. Y se marchó para seguirle dando vueltas a ese edificio cubierto de cristales y de jardines perfectamente tonsurados.

Entonces el sol empezó a caer como los chubascos nocturnos, pero el coraje poselectoral hacía que los manifestantes gritaran a cada rato: “¿están cansados?, a lo que unánimemente se contestaba “¡No!” “¿Les molesta el sol?” “¡No! Nos molestan estos cabrones riquillos”, gritó una señora de pelo largo, lentes ovalados y con una cartulina en que se leía: “Jesús me dijo qué, Gandhi me dijo cómo, AMLO me dijo dónde y cuándo. ¡Resistamos!

Ya para las 12 del día unas señoras de Coyoacán que se solidarizaron con el movimiento de resistencia civil, llevaron unas cazuelas con guisado de costillas ahumadas, tortillas, frijoles. Mientras que en otro lado se repartían piezas de pollo rostizado y naranjada mandados por la dirigencia, porque “la resistencia con tortilla y no con PAN es más fuerte y efectiva”.

Dos horas después se regresaba a un campamento aseado y desinfectado. “Ahora ya somos más decentes que antes”, comentó una señora que lleva tres viajes desde que comenzó la asamblea permanente convocada por Andrés Manuel López Obrador y que vendrá hasta que “se haga justicia y se cuenten todos los votos, casilla por casilla”.

(Continuará)

   
     
     
     


   
   
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