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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
correo: ge-o@literator.de
 
 
El góber hace agua
19 de junio del 2007
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
EL GÓBER HACE AGUA    
     
Gerardo Oviedo    
     
a Teodoro Villegas
   
     
     

El góber precioso sucumbe, como una piragua frente a una tormenta, en una caída hacia el precipicio que él mismo provocó. Y hoy la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a diferencia de la nave Mario Marín Torres, hace cada vez menos agua. El dictamen del próximo jueves 21 ó lunes 25 podría significar la restitución del estado de derecho que tanto se ha violentado en Puebla y, por extensión, en toda la república mexicana. El góber precioso no es un chivo expiatorio como algunos presuponen. Tampoco es un bote de cal por todas las de arena. Simple y sencillamente la SCJN está aplicando la ley y está dictaminando sobre un caso en el que se evidencia a todas luces la violación a los derechos humanos que sufrió la periodista Lydia Cacho Ribeiro. Evidencia que constata cómo el estado poblano, a cargo de Mario Marín Torres, operó para “darle un coscorrón” a la quintanarroense, y como, en complicidad con Kamel Nacif Borge y Juanito Naked, instrumentaron un plan para que no se sintiera dios y fuera secuestrada de su estado natal para ser encarcelada con “las locas y las tortilleras”. Pero todo esto, si bien es un precedente para el futuro en cuestión jurídica para México, no basta. Faltaría que los diputados priistas y panistas en el Congreso estuvieran de acuerdo y se le iniciara un juicio político a uno de los gobernadores más destacados en lo referente a la violación de la constitución (el otro es Ulises Ruiz Ortiz). Pero como no se le pueden pedir peras al olmo, ya se avizora el camino que emprenderá el séquito de lacayo del poder, como Manlio Fabio Beltrones o Beatriz Paredes, al darle todo el respaldo a su gobernador aún sin conocer cual es el dictamen de la SCJN.  Situación que pone en entredicho, como siempre, la credibilidad de los priistas. Y todavía falta enterarse de la colusión de intereses que tendrán con los panistas para que Marín Torres salve los escollos y no naufrague en el lugar donde pertenece: El cementerio marino de la vergüenza. Desde esta columna, el de la voz se suma a la petición de cineastas, escritores, periodistas, intelectuales, ciudadanos y ciudadanas que piden a la SCJN inteligencia, sabiduría y espíritu de verdadera justicia, para que este caso sea el punto final de una era de atropellos al pueblo de México y por ello los ministros voten en consecuencia.
 

TODA LA RABIA DEL MUNDO

"No puede haber una revolución total,
sino una revolución permanente.
Como el amor, es el goce fundamental de la vida."
                        Max Ernst

PARTE 4
10.
Antes de entrar a la regadera me miro frente al espejo y me doy asco. Mi cara y los pelos parados me dicen que los años se van quién sabe a dónde y lo único que queda son las arrugas.  Ayer precisamente estaba pensando sobre el futuro en los libros, y esto porque estaba hojeando una revista que traía los horóscopos mientras me rascaba la panza con desparpajo echado en cama. ¿Un libro puede predecir el futuro? Yo sostengo que los libros siempre quedarán viejos y no hay nada que se pueda hacer. Los libros siempre viajan en pasado y los horóscopos sólo sirven para intentar liberarnos de nuestros errores al pensar que la culpa es de los astros, de los números, de los gatos negros y de los espejos rotos y no de nosotros y nuestras decisiones o indecisiones. Que no sirven para prever el futuro, aunque lo que acabo de decir sea una verdadera estupidez. Jamás he creído en los horóscopos ni en los libros. Pienso que un libro sólo serviría si tuviera las páginas en blanco. Ahí tal vez entenderíamos que Sócrates estaba en lo cierto: Yo sólo sé, lo que no leo.  Lo demás es basura. Pero al emerger de la regadera comienzo a pensar que las cosas no son tan fáciles como para salir de mi casa y enfrentarme al mundo real al buscar trabajo como le prometí a mi novia Karla. Carajo, repito antes de ir de nuevo ante el retrete y vomitar un poco de jugos gástricos. Entonces aún mojado, regreso a mi cuarto y me tumbo sobre la cama. Si habla Karla le diré que anduve buscando trabajo y si no me cree, pues ni modo, sólo le recriminaré su falta de confianza en mí. Después de todo, para esos son las mentiras. Como las mentiras que soltaba mi hermana Anaís. Aquellas en que inventaba palabras nuevas para usarlas y que nadie le entendía, como la que susurraba para referirse a sus visiones locas sobre la suerte y que aún sigue usando: prafsa, decía, hay un prafsa en alguna parte y será la pasión de ustedes dos para siempre, hermana. Y tú estás demente, le dijo Clara el día en que se casó con Filadelfo Ramírez y Anaís los abrazo para desearles toda la suerte del mundo, nosotros no necesitamos tus prafsamamadas. Porque a decir verdad, mi hermana Clara y Filadelfo no necesitaban suerte, ni prafsas, ni nada para tener una vida sin sobresaltos. Tenían mucho dinero a sus pies. Así que podían prescindir de la suerte y elegir la enfermedad que mejor les gustara. Clara se separó del abrazo de Anaís y volvió a repetirle aún con su vestido blanco de novia: Estás completamente loca, Anaís. Ojalá tus pendejadas no te aplasten algún día. Y dio media vuelta porque tenían que tomar el avión rumbo al mediterráneo para empezar su historia allá, en Europa, y no aquí, en este país de miseria y abandono. Anaís no entendió lo que le había dicho Clara, pero entre los tragos de alcohol que yo llevaba, supongo que comenzó a chillar, porque la vi escribiendo en unas servilletas desechables su mundo interior, alejada de la pista de baile, lejos, muy lejos mientras todos nos divertíamos por la felicidad de los recién casados y luego creo haberla visto masticando y tragándose esas mismas servilletas, pero de esto no estoy muy seguro. Pero debe ser cierto, ya que ella se cree poeta y los poetas están locos.
 
11.
No pasan más de dos horas de inocua contemplación de mi pírrica victoria sobre mi voluntad, que en este caso es una derrota para mí, cuando recibo otra llamada: ¿Ya estás listo, cabrón? Es Jaime Barcelona, el wey que se pelea con todos cuando anda borracho. Me había olvidado por completo de él y del Perlotas. Había quedado de ver el juego de béisbol con ellos para después ir a tomar unas cervezas. Mi desánimo es tal que lo único que se me ocurre contestarle al Barcelona es que ya estoy listo y pueden pasar por mí en cualquier momento, total, para este suicidio cotidiano cualquier día es bueno para emborracharse. Entonces le marco a Goliath para invitarlo al juego de pelota: No, wey, hoy voy a salir con Brenda y con Joana. Pero si no hay tos, quizás los vea en el bar más tarde. ¿Te late? Cuelgo el teléfono con la sensación que hoy será un día difícil. Pero aún tengo tiempo de cambiar el rumbo y no ir a ninguna parte con nadie. Pero ahora me pesan tanto los dedos sobre el teclado del teléfono que lo único que logro hacer es esperar el claxon de la camioneta del Barcelona: Por favor una camilla para este moribundo que va a salir a divertirse esta noche. Oh, dios, es espantosa esta sensación de levantarse de la cama dejando el alma dormida entre las sábanas. Jaime Barcelona y el Perlotas pasan por mí a las 6 de la tarde. Entonces pienso que alguien en algún lado podría hacerse millonario con los suicidios ajenos: Te compro tu muerte a cambio de que te eches encima mis culpas.
 
12.
En el camino voy pensando que el auto es un remedo cristalino para suicidar la mirada. El Perlotas ya ha mascullado una docena de monosílabos, todos ellos referidos a lo mal que lo trata su esposa y el juego de pelota. No tiene mucha relación una idea con la otra pero el Perlotas, dentro de su estupidez monosilábica, conjuga perfectamente el ta madr... de lo que tiene que llevar a su casa con el  a que la ching... sobre el clima y que, a lo que puedo entender, intenta comunicar que tiene encargos que llevarle a su esposa Rebeca Galindo y que probablemente lloverá y, a pesar que tenemos el palco principal del estadio, tal vez suspendan el juego y él tenga que regresar temprano a casa con el mandado. El Barcelona en cambio anda misterioso. Desde la última vez que le rompieron la nariz como que le falta el aire e ineludiblemente se lleva el dedo índice a la nariz para tratar de destrabarse los mocos que se le han quedado atorados en sus laberínticas fosas nasales. Miro entonces a través de la ventanilla, hay un poste, un pedazo de banqueta, allá hay unos chavos, del otro lado va un ciclista, pasamos una tienda de abarrotes, un auto sale de esa casa de portón negro. Regreso la mirada hacia este lado, los chavos ya han quedado atrás, ahora son sustituidos por unos anuncios que ya están iluminados, pasa una pareja y supongo que han discutido, no lo sé, pero ahora toda pareja que veo la imagino en el peor de los escenarios como si el amor fuera un ring donde gana el que se haya extirpado primero el corazón. Después pasa un perro y eso me confirma que ese animal es el mejor amigo del hombre ya que sólo tiene que ladrarnos para comprenderlo.  ¿Entonces que pedo? ¿Va a haber tres gallinitas? ¿Te vas a animar esta vez?, oigo que dice de pronto el Barcelona. Por ir mirando hacia la calle no me he enterado que es lo que sucedía dentro de la camioneta, así que sólo se me ocurre contestarle al Barcelona: Ta cabrón, we. En ese mismo momento reparo que debe haber algún virus del Perlotas flotando en el ambiente y me estoy contagiando con sus monosílabos, pero no tengo manera de vacunarme a tiempo así que continúo: No mames, we. Carajo, pienso, ya estoy infectado y ahora a lo mejor ya voy a hablar como los ches msj d los tel cel. Carajo, vuelvo a pensar, ahora hasta estoy pensando como los ches msj dl tel cel. Pero afortunadamente antes de continuar con estos pensamientos ridículos veo que llegamos al acceso privado que utiliza el padre del Perlotas en el estadio de béisbol y que por herencia también usa su hijo. El guardia nos marca el alto, pero el Perlotas ya ha bajado su cristal y suelta: Ya, ca, tate camino, we. Esa frase entrecortada termina por inflamar mi cerebro. Che Perlotas, ca, debería andar con un cubre bocas pa’ que no salpique su catarro mental.  
 
(Continuará el próximo miércoles)
 
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