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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Elogio de la cordura del comandante
20 de febrero del 2008
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
ELOGIO DE LA CORDURA DEL COMANDANTE
   
a Fidel Castro
   
   
     
     
Gerardo Oviedo    
     
     

 

Que el comandante se va y todos los gusanos, sobre el árbol caído, harán leña del roble. Por eso hoy escribo con adjetivos matemáticos en defensa de la cordura: Todos podemos hablar de Cuba y Fidel, menos aquellos que se muerden la lengua porque salpican de sangre todo lo que tocan. Dice el cleptómano asesino dipsómano de Bush que le entristece la suerte de los presos políticos que languidecen en cárceles cubanas, la falta de libertad y la violación de derechos humanos en la isla, viendo la paja en el ojo ajeno, y sólo los imbéciles no entienden, que el peor gobierno, ha sido el de Estados Unidos bajo el mandato de todos los némesis del comandante. Gobierno que sistemáticamente viola los derechos humanos (como los presos en Abu Ghraib), que mantiene presos políticos en sus cárceles de 50 estados, como los presos puertorriqueños que le son incómodos. País que es el mayor contaminante del planeta, que no firmó el protocolo de Kyoto para reducir el índice de emisiones contaminantes, así como tampoco ratificó ni es miembro de la corte penal internacional, para que ninguna de sus acciones, como es el terrorismos de estado, puedan ser juzgados como crímenes de lesa humanidad. País que aplica la tortura y discute, en estos momentos, si es humano o no, el waterboarding, que utiliza en Guantánamo con los presos que considera terroristas. El loco de Bush, que se horrorizó ante la pena de muerte en la Isla (como cualquier persona con tres dedos de frente), pero siendo él, cuando fue gobernador de Texas, el que firmó la mayor cantidad de condenas en su estado, convirtiéndose así en el mayor ejecutor de penas capitales y batiendo todos los record mundiales. Escoria humana que presionó a la Comunidad Europea para que fueran revisados y votadas las conclusiones sobre la violación de derechos humanos y libertades en Cuba (arrastrando a México a ese abismo durante la era sátrapa de Castañeda en Foxilandia), cuando su estado militar del pentágono pide pena de muerte a presos que no tuvieron un juicio justo y fueron violentadas todas sus garantías humanas. Que apoyó la reciente independencia de Kosovo y no por defender la libertad y la justicia, sino porque Kosovo es el mayor productor de plata, bauxita, estaño y cobre de la región. Bush, que se lanzó a una guerra preventiva en Afganistán e Irak mintiéndole a todo mundo acerca de supuestas armas de destrucción masiva que jamás existieron, y aún así, continúa empecinado en llevar su guerra total hasta el exterminio de miles de iraquíes en su afán de hacerse de los recursos petroleros de esa región, dilapidando miles de millones de dólares que su congreso le otorgó para la guerra y que ahora son uno de los factores de la recesión económica que está por agudizarse. País que se mete en todo asunto internacional para conseguir beneficios no de libertad sino de sumisión. Que Fidel ha sobrevivido a todo y a todos se ha enfrentado es cierto (Desde la Dama de Hierro hasta los imbéciles de Aznar y Blair) y, que durante años fue el único jefe de estado que pudo, dentro de las Naciones Unidas en Nueva York, decirle de frente y enfrentársele mientras los demás presidentes y primeros ministros inclinaban la cabeza y empinaban sus intereses a los intereses yanquis. Más de 600 intentos de asesinato en contra del comandante y hoy se retira, siendo mucho más lúcido que todos los presidentes norteamericanos que dejó regados en el camino de la historia. John F. Kennedy, asesinado en su propio territorio. Lyndon B. Johnson, que se metió en una camisa de cinco varas en Vietnam. Richard Nixon, que renunció por Watergate. Jimmy Carter, que no supo controlar la economía de su país e impulsaba gorilatos en el cono sur. Ronald Reagan, que financió y armó a grupos contrarrevolucionarios en Centroamérica hasta forzar la caída del régimen sandinista en Nicaragua. Ordenó intervenciones militares en defensa de los intereses americanos en Granada y Libia. El primer Bush, asesino serial en Panamá y en medio Oriente con su Tormenta del desierto. Después William Clinton, quien negó rotundamente, bajo juramento, cualquier contacto con Mónica y después dijo que no era verdad su negación. Y el peor de todos, Bush Junior, que magnificó a toda la caterva de personajes que le precedieron en la Casa Blanca. Y hoy amanezco con la noticia que Fidel se va y los gusanos ya han empezado a hablar, como los entrevistados a modo por CNN, o los que aparecen en Televisa o TV Azteca, y que se solazan por esta partida tan anunciada. Cuba es una potencia, pero hubiera sido lo más cercano a la Utopía de Moro si no le hubiera impuesto el gobierno norteamericano un embargo que lleva más de cincuenta años, los mismos que Fidel. Ahora ya no habrá obstáculo, para que continúe la ignominiosa ley del garrote, y la comunidad internacional debe exigir y pugnar para que cese este bloqueo económico que lesiona los derechos, no de Fidel, sino de millones de cubanos que son los directamente perjudicados. Y para cerrar, Fidel se retira del poder convirtiéndose en un hombre Sabio, si no, léanlo en las reflexiones que ha escrito desde la vejez para que examinen razones de fondo para gritarle al Imperio desde todos los rincones del planeta: ¡Ya basta con ustedes! ¡Estamos hartos!

 
TODA LA RABIA DEL MUNDO
“Ante el sentimiento del deber
enmudecen las más rebeldes pasiones.”
Immanuel Kant
PARTE 34
82.
El hijo pródigo siempre es el que está lejos. Y lo confirma el refrán: A la familia, como el sol, entre más lejos mejor. Por eso cuando mi hermana mayor Clara regresó a casa para esconderse con nosotros debido a los problemas legales que enfrentaba su marido Filadelfo Ramírez por la desaparición de algunos millones de las arcas del Club de Industriales, el infierno se desató por todas partes. Era como si el fuego solar hubiera bajado para abrasar de nuevo mi espacio vital. Acostumbrada a la vida que el dinero da, Clara empezó poniendo reparos a toda existencia dentro de nuestro cuchitril.  Nada era como debía ser. Mi madre se esforzaba por prepararle las mejores sopas de fideos y caldos de pollo para su paladar fino y habituado a su chef particular, pero ella apenas probaba los platillos para dejarlos a un lado asqueada. También le lavaba la ropa con shampoo (mientras que con mi ropa sólo usaba detergente común y corriente). Siempre supe que mi madre tenía una deferencia particular con Clara, pero no que llegara al extremo de hacer tan poco de comer, que sólo alcanzara para un plato (debido a lo costoso de los ingredientes) y nosotros dos, con la panza de farol, sentarnos a la mesa para verla comer media langosta a la mantequilla. ¿Te gusta, mijita?, le preguntó mi madre. Clara, con las pinzas a medio deglutir del crustáceo, sólo hizo una expresión que quería decir: No está mal, pero tampoco está wow.  Pinche vieja rastrera y malagradecida, le dije, para que por lo menos le diera chorrillo con el carísimo platillo. Ella soltó las pinzas de la langosta en medio del plato y chilló: Míralo, mamá, este idiota me está molestando otra vez. Mi madre, desde antes que Clara dijera nada ya había preparando mi castigo, así que soltó: Lárgate a tu cuarto, webón, y te vas a quedar sin cenar ¿entendiste, webón? Me levanté fúrico, y en un arranque de cólera, tomé la pata del crustáceo que Clara había soltado y me eché a correr con ella: Pero me llevo esto, grité encabronado. Como lo estaba el día en que conocí a Karla. Llevaba yo varios minutos esperando en la parada del autobús, porque iba de regreso a mi casa, cuando un auto deportivo se me emparejó: Oye, me gritó desde el interior una chava que llevaba unas gafas oscuras a la moda, ¿no sabes cómo llego a Plaza Bevhalstia? Yo estaba de un humor de perros debido al retraso del transporte público y además por el sol que estaba a todo vapor sobre mi cabeza. Así que le mentí a conciencia: Te vas derecho dos calles y luego doblas a la derecha dos calles, ¿me vas siguiendo?, Bueno, luego doblas de nuevo hacia la derecha y avanzas dos calles, y por último dos calles hacia la derecha y listo. Espero no haberte enredado mucho ¿Me entendiste? La chava se levantó los lentes y repitió: Entonces, dos de frente, luego dos a la derecha, luego a la derecha otras dos y por último dos a la derecha. Así es, contesté. Muchas gracias, espero no perderme. Arrancó el deportivo mientras yo regresaba a la banqueta, cerca del anuncio de parada del autobús. El sol estaba durísimo y yo estaba sudando. Pasarían unos seis o siete minutos cuando se detuvo de nuevo el deportivo a mi lado, como un dejavou, ya que las indicaciones que le había dado eran las de un círculo y la chava volvía al punto de partida. Bajó el cristal y gritó: ¡Oye, eres un imbécil! Y quiso irse tan rápido, rechinando las llantas, que apretó demasiado pronto el acelerador sin sacar el clutch, que el deportivo dio tres sacudidas y se apagó. Me acerqué al ver que no podía encender de nuevo la máquina y vi que estaba llorando: Nada me sale bien, nada, farfullaba mientras intentaba encender el auto. Entonces, sin pensarlo, le dije: Lo siento, en verdad lo siento, no pensé que te fueras a molestar tanto, pero es que te quería ver de nuevo. Mira, esto es como si esta fuera nuestra segunda cita, así que ya no somos desconocidos. ¿Cómo te llamas? La chava me miró entre hipidos y bufidos. En ese momento el transporte que yo estaba esperando pasó a un lado y siguió su marcha de frente, no tuve tiempo de reaccionar para hacerle la parada: Maldita sea, ya se me fue el pinche camión. La chava al escucharme dijo entre sollozos: Me alegro. Te lo mereces. A lo que yo contesté mal humorado: Es verdad, estamos a mano, luego agregué reclinado sobre la ventana de su auto: acabas de ahogar tu coche y está muerto. Dame un aventón y te lo enciendo.


83.
Durante el trayecto, Karla me contaría que trabajaba en una constructora, y que por eso andaba buscando la plaza Bevhalstia que precisamente era nueva y que su nombre significaba la flor más antigua de la Tierra, ya que el negocio del momento era hacer plazas comerciales por todas partes y de todos los tamaños. Pero a esta plaza era la primera vez que la mandaban y por eso no sabía el camino. Yo le conté que era agente secreto, como un James Bond, nada más que sin los ceros, pero que andaba buscando algo mejor, porque el mundo no era suficientemente grande para mí, que yo era tan inteligente que pensaba conquistar mi futuro costara lo que costara y andar de espía no era lo mío. Ella me preguntó si era cierto eso que le estaba platicando. No, le dije, en realidad soy agente de ventas. Luego, mientras esperábamos la luz verde en una esquina, le pregunté el por qué le había entrado tanto sentimiento con una bromita tan sencilla y cursi como la de rodear varias manzanas y llegar al mismo sitio. Ella guardó un momento silencio, pero luego, quizá conmovida porque éramos un par de desconocidos comenzó a hablar, tal vez pensando que jamás nos volveríamos a encontrar: Es difícil de..., pero... es que esta mañana mi novio..., terminó conmigo, porque dice que yo no soy suficiente para él, que necesita libertad, que quiere andar sin ataduras, me dijo que yo era como una cárcel para su vida. Y empezó a suspirar y a moquear de nueva cuenta, tanto que no se fijó que la luz ya estaba en verde y los autos de atrás estaban sonando el claxon para que nos moviéramos. Entonces yo dije algo que cambiaría el curso de nuestra historia: No quiero saber ya nada más de ese asunto. Pero lo último que te diré es: Ese sujeto pendejo, y disculpa la palabra sujeto, no te merece. Y si sufres es porque te gusta sufrir. Tanto amor que hay allá afuera y tú desperdiciándolo en lágrimas. Ahora sí, el semáforo está en verde. Karla avanzó el auto hasta cruzar la bocacalle, luego detuvo el vehículo a un lado y dijo: ¡Tienes toda la razón del mundo!, y se soltó a chillar. Yo lo había dicho porque en ese entonces entendía que el amor era la antítesis de la felicidad. Y el engaño, o el desamor, sólo venían a cubrir el espacio de la soledad. Y la amargura era explotar de frente contra todos como me lo escribiera Sofía años antes: El amor es una chingadera que nos jode la vida para siempre. Cuando llegamos a mi casa, le pregunté a Karla que si la podría volver a ver de nuevo, como si fuera una tercera cita, bromee. Ella dijo que tal vez, que ya sabía donde vivía y que si no se perdía, dando vueltas como loca, tal vez podría llegar a convertirse en realidad una tercera cita. Me bajé del auto mientras ella arrancaba despacito, no se le fuera a parar de nuevo el coche. ¡Ojalá que te vuelva a buscar!, me dijo Goliath cuando le comenté la anécdota, ¡Tiene un auto deportivo!

 
(Continuará la próxima semana)
 
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