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Escrito - Literato  
Gerardo Oviedo  
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El secuestro de la nación
19 de septiembre del 2006
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
EL SECUESTRO DE LA NACIÓN    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     
 “...el revolucionario verdadero
está guiado por grandes sentimientos de amor...”

Ernesto “Che” Guevara
   
     
     
A La Jornada por estos 22 años de lucha democrática    
     
     

Karl Jaspers establece que sólo con el diálogo se puede pretender llegar a la verdad en tanto que el dogma —principio en el que se basa la fe— lo cierra al no admitir diálogo sino sumisión ante el interlocutor. Entonces se gesta una lucha intelectual por obtener la razón mediante la voz por un lado y la sordera por el otro.  Es decir, quien dialoga abre frentes para el entendimiento y la discusión pero quien profetiza en su evangelio, los cierra con el argumento que lo escrito ya nadie lo puede cambiar.
Así sucedió a lo largo de este sexenio que concluye por la cúpula panista y por su más ferviente dogmático: Vicente Fox Quesada, presidente que en teoría debió ser republicano y que, desde el primer día de su mandato, se convirtió en defensor a ultranza de sus propias ideas y convicciones sin dejar un resquicio para el diálogo —recuérdese su paso por la basílica de Guadalupe o la entrega de una crucifijo en el auditorio nacional violentando el estado laico mexicano. Así como todas las batallas que emprendió contra Andrés Manuel López Obrador para que éste no llegara a la presidencia de la república y que era la culminación de su guerra personal.
            Además de esta virulencia usurera del mejor postor, existe la polarización entre mexicanos presidida por el ex candidato oficial Felipe Calderón, quien cerró aún más la posibilidad de diálogo al afirmar en su discurso de campaña que Andrés Manuel López Obrador era un peligro para México con grandes letras rojas y voz de alarma, sabiendo que incurría en mentira, difamación y calumnia para obtener votantes y, como en los estados totalitarios, no importándole los medios con tal de lograr su fin: No perder los privilegios que él y su grupo derechista han construido desde tiempo atrás al amparo de todos los males endémicos del poder tradicional en México: Corrupción, tráfico de influencias, impunidad, compadrazgos y relaciones copulares entre política, religión y empresariado: verbo, fe y dinero.
            Pero a partir del 16 de septiembre se abrió una nueva posibilidad para la restitución del estado de derecho y el exilio por fin del estado de sitio, de facto, espurio que generaron unas elecciones presidenciales mal llevadas y peor concluidas. La Convención Nacional Democrática que sustituye la afonía discursiva de la derecha por la voz cantante y sonante de la voluntad popular. Más de un millón de delegados se dieron cita no para elegir un presidente, sino para ratificar esa propia voluntad ciudadana ejercida a través del voto en las urnas.
            Se propusieron doce puntos y en cada uno de ellos el mensaje fue claro y contundente: Sufragio efectivo, no imposición: 1) Rechazar la usurpación de Felipe Calderón. 2) Rechazar la república simulada cultivada desde los más oscuros intereses en contra del pueblo de México. 3) Reconocer el triunfo de AMLO en las elecciones del 2 de julio y que fueron sustancialmente modificadas de forma fraudulenta por los encargados de velar por ellas IFE y el TEPJF en complicidad con la Suprema Corte de Justicia de la Nación para favorecer al candidato del PAN (Ver caso Gober Precioso como muestra de impunidad). 4) Ratificar a AMLO como presidente de México. No a elegirlo, sino confirmarlo para el cargo, ya que los mexicanos decidieron en las urnas y la mayoría de los votos fueron para el candidato de la Coalición por el Bien de Todos. 5) Autorización a López Obrador para integrar un gabinete plural, equilibrado. Que la sede del nuevo gobierno sea en la ciudad de México pero al mismo tiempo ser un gobierno itinerante. A tener un protocolo republicano y que recaude fondos propios.  6) A que la toma de posesión del nuevo presidente sea el 20 de noviembre de 2006 a las 3 de la tarde. 7) Cinco puntos serán eje del nuevo gobierno: Combate a la pobreza, la marginación. Proteger recursos naturales y estratégicos de México. Derecho a la información veraz y oportuna. Combate a la corrupción, a la impunidad y a los grupos de privilegiados. La transformación de las instituciones. 8)  Realizar un plebiscito para un nuevo constituyente y modificar la carta magna para elevar a rango constitucional diversas propuestas como por ejemplo la pensión para adultos mayores y discapacitados. 9) Asambleas permanentes para detallar la estructura y funcionamiento del gobierno legítimo. 10) Integración de tres comisiones: política nacional, de resistencia civil, de proceso constituyente. 11) Continuación de la resistencia civil pacífica: portar un moño tricolor, protestas donde vaya Felipe Calderón. Iniciar un boicot contra las empresas que financiaron la campaña negra e iniciaron la guerra sucia contra López Obrador: “nescafé, cool, bonafont, pepsi cola, coca cola, 7up, gatorade, sprite, danao, danone, negra modelo, saba, naturella, toallas sanitarias, suavel, nivea, crest, loreal, avon, x-ray, aleden, lonol, anti inflamatorio, buscapina, astra zeneca, kimberly clark, bimbo, sabritas, tía rosa, televisa, televisión azteca, periódicos como reforma, la crónica de hoy, milenio diario y todo el consejo coordinador empresarial así como su subsidiaria: sociedad en movimiento, etc.”. Y 12) La siguiente asamblea de los delegados de la Convención Nacional Democrática será el 21 de marzo de 2007.
            Doce puntos que fueron aprobados por la CND. Sentencia que da pie hacia la construcción de una nueva República mediante el uso de la razón y no del dogma, además de la eliminación de la triangulación metalingüística de los medios de comunicación que usan para pervertir la opinión pública: Te lo dice una televisora no para que le respondas, sino para que se lo cuentes al de junto. En otras palabras, un mensaje que es enviado no para recibir respuesta, sino para propagar una deformación de la realidad.
             Entonces el diálogo, roto por aquellos que usurparon la legalidad y transparencia, será restituido por un nuevo orden. Una nueva república que ejercerá el poder desde el propio pueblo aplicando el artículo 39 de la Constitución Mexicana y que en un apotegma utilizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) establecerá un código de conducta para el nuevo presidente: “Mandar obedeciendo”. Porque para el 1 de diciembre habrá en México dos presidentes en un mismo territorio: Uno espurio, ilegal y deslegitimado como Felipe Calderón, quien contó con el apoyo de la élite fascista político-empresarial y otro gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quien fungirá desde abajo para elevar sus frutos hacia lo que el país requiere: democracia, libertad y justicia y que llevará ineludiblemente al cariño popular hasta de sus mismos detractores. Porque una cosa es segura en estos momentos: Calderón no podrá estar en México a menos que renuncie y así lograr la concordia entre todos los mexicanos, logrando la pacificación de México y restaurando el diálogo que con conocimiento de causa fracturó en aras de su delirio de grandeza. Y para lograr tal fin, sólo se requiere una cosa: Que atienda a la razón y no a su dogmatismo que ha secuestrado a la nación mexicana y que en palabras amuralladas del presidente ratificado por la CND como legítimo, Andrés Manuel López Obrador le recalca: “¡Esta vez no pasarán!”  

   
     
     
     


   
   
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