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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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¿Eterno retorno?
25 de julio del 2006
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
¿ETERNO RETORNO?    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     

La diferencia ente un novelista y un poeta
es que el primero propone y el segundo dispone

   

a) Mientras redacto estas líneas, aviones israelíes bombardean en Beirut a la población civil, asesinando niños, mujeres, hombres, ancianos; y en México se vislumbra una vuelta al pasado: El fraude electoral de 1988. Nietzche escribe en el siglo XIX su apotegma del eterno retorno, aquel que Milan Kundera adoptaría para escribir su novela La insoportable levedad del ser: Todo, en el mundo, se repite eternamente. Argumento que ceñía a un cálculo matemático: si el número de factores que mueven los acontecimientos de una sociedad son finitos y el tiempo es infinito, entonces tarde o temprano se repetirán esos factores, no una, ni dos veces, sino un número infinito de veces (Esta hipótesis sostiene que nacerán tantos Hitler o Bush en tanto dure la historia). Pero Stephen Hawking en su libro: Breve historia del tiempo, arguye que el tiempo tiene caducidad, es decir, el tiempo empezó su marcha en el mismo instante en que la gran explosión (big-bang) esparcía toda la materia para formar el universo. Entonces, si el tiempo tuvo un principio, tarde o temprano tendrá un final, lo que reduciría lo cíclico del eterno retorno de Nietzche a un número finito de repeticiones.

 
b) Dos mil años antes Aristóteles planteaba en su Poética que existían limitadas situaciones dramáticas y que después de esto no había nada nuevo bajo el sol. Y antes de la llegada de Sigmund Freud y su exploración sobre la psique humana, estas situaciones dramáticas se contabilizaron hasta 36 bajo la organización de George Polti, que en términos dramáticos sintetiza que lo meramente humano tiene 36 acciones para desenvolverse en la sociedad (la ira, el odio, la venganza, el amor, la muerte, el sexo, así hasta el número antes mencionado), es decir, no somos originales ni novedosos en nuestros odios, ni en nuestras venganzas, ni en nuestros amores. Somos la repetición de esa memoria colectiva que sustentaba con avidez Carl Gustav Jung. Amamos y odiamos de la misma manera que otros lo han hecho.

 
c) Historia magistra vitae est - La historia es maestra de la vida, dicta Marco Tulio Cicerón, que puede interpretarse en otras palabras: Quien no aprende de la historia está condenado a repetirla. Frase que, en esta lógica de las hipótesis, sustenta la conjunción del eterno retorno, el principio del tiempo y las situaciones dramáticas. Platón escribía que los filósofos debían y podían “ser los más aptos para gobernar”, debido a que tenían esa carga de conocimientos de la historia, de ese amor por la sabiduría que los volvían casi inmunes a las cosas terrenales y podían aspirar a otras más elevadas. En tanto que el hombre que no es sabio comete una y otra vez los mismos errores de siempre porque no aprende, porque no conoce, porque no tiene la capacidad para no cometerlos debido a la ignorancia en su historia. Entonces ese eterno retorno se abre como un círculo y se cierra como tal, como una víbora comiéndose la cola. En cambio, para las sociedades capaces de aprender, de comprender, analizar y distinguir su historia, el eterno retorno se abre como un espiral que avanza, es decir, el número de situaciones que puede vivir una sociedad son limitadas, como el caso anterior, y tarde o temprano se repetirán, pero siempre, con ese espiral de tiempo que es irrepetible, esas sociedades tropezarán cada vez menos con la misma piedra.
Entonces aprender de la historia es esencial para transformar ese círculo eterno —que generalmente está plagado de desastres, injusticias y guerras, como la masacre que ejerce en estos momentos Israel sobre Líbano— transformarlo en una espiral para que esos acontecimientos históricos jamás se repitan: En 1988 se fragua un fraude electoral en México. Cuauhtémoc Cárdenas gana la elección presidencial pero la caída del sistema, el robo de urnas y la quema de los paquetes electorales que contenían las boletas (inquisición auspiciada en ese entonces por Diego Fernández de Cevallos) hicieron que Carlos Salinas de Gortari se alzara como el presidente de facto y no de jure de la república para ese sexenio.
Muchos años más tarde, la sombra de ese retorno parece configurarse en la historia del país, pero como la sociedad mexicana no es la misma de hace 18 años, el círculo no se cierra donde principia, sino que continúa en espiral: 1) La sociedad del 88 estaba enardecida pero poco organizada. Cuando la gente le grita en el zócalo a Cárdenas: ¡A palacio! ¡A palacio!, Cárdenas flaquea y no inicia un movimiento que seguramente hubiera cambiado la historia de este país. 2) A pesar de las campañas desinformativas que han entrado en vigor por parte de medios de comunicación reaccionarios, solventados por la extrema derecha y por periodistas carentes de ética profesional, el movimiento encabezado por López Obrador tiene la información a su alcance debido a que hoy también existen algunos medios plurales y objetivo que cubren ese vacío (además existe el internet, desde donde se puede estar organizando en este momento el siguiente paso en la resistencia civil pacífica convocada por AMLO —baste recordar el impacto del EZLN en el mundo a través de la red).  En  1988 la desinformación era total, el correo electrónico no existía y la mayoría de los medios de comunicación confundían a la opinión pública. 3) La sociedad civil de hoy no puede aceptar que se repitan los mismos acontecimientos, los mismos estropicios históricos del 88 sin que haya un levantamiento social (no pacíficos como las mega marchas que se han convocado desde el desafuero de Andrés Manuel López Obrador y cuya próxima edición se celebrará el día 30 de julio en la capital). En otras palabras: El retorno al 88 se está reconfigurando por varias de las 36 situaciones dramáticas de Polti: La indignación ciudadana ante unas elecciones poco transparentes que puede ser seguida por una rápida descomposición social y detonar en una conflagración armada (Hay que recordar que Israel, Líbano, Irak, Afganistán no están en otro planeta, están a la vuelta de la esquina, tan cerca como Chiapas, Oaxaca, Tabasco o Guerrero). Y más si alguno de los políticos de la derecha se atreve en sus discursos incendiarios (ver César Nava o Juan Molinar Horcasitas como ejemplos) sugerir siquiera la quema de los paquetes electorales y no contarlos voto por voto, casilla por casilla.  Porque entonces el eterno retorno volverá a México convertido no en un 1988, sino en un 1910 y en ese momento la república mexicana entrará en un camino de una sola frase: sufragio efectivo, no imposición y para muestra, un botón: López Obrador acaba de signarle una carta a Felipe Calderón tal y como desde la penitenciaría del Nuevo León, Madero le enviara una al general Porfirio Díaz el 15 de mayo de 1910 pidiéndole que respetara la voluntad popular en las elecciones presidenciales de ese año. Eso es historia, aprendamos para no repetir. Ahora el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tiene en sus manos la decisión más importante para dirimir este conflicto de la mejor manera y también con la más lógica de todas las soluciones: El conteo voto por voto, casilla por casilla, y así, con esa trascendental y sabia decisión, la historia que se escriba absolverá a todos los implicados.  

   
     
     
     


   
   
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