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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Golpe a la cultura
12 de diciembre del 2006
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
Golpe a la cultura    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     

“Por mi raza hablará el espíritu”
UNAM

   
     
Un gobierno de derecha, totalitario y antidemocrático siempre se caracteriza por privilegiar el estado de sitio y el menosprecio sistemático hacia la cultura y la educación: “La cultura no sirve para nada. No produce dividendos” es la máxima de dicho pensamiento. Cuando Fecal el Espurio disminuye el presupuesto destinado a CONACULTA, al INBA, al INHA, a IMCINE, a la UNAM entre otras instituciones federales, es cuando muestra su origen: El fascismo, y más cuando esa disminución es proporcional al aumento de presupuesto de las fuerzas armadas; de las fuerzas policiales del estado, entonces se constata con estupor que la dictadura se ha instaurado con este personaje gris de la política mexicana. El estado de Facto. Y que la única forma de resolver los conflictos en México será a través de la ley del garrote; de la mano dura, intolerante e irreflexiva (como lo vimos con la aprehensión de los dirigentes de la APPO) y no a través de la inteligencia de la razón.  Y ante esto sólo queda la unidad y el ya basta del pueblo mexicano antes del toque de queda.
 
(PARTE 9)
ELENA
En el mes de agosto apareció en la sección de policía del periódico La Jiribilla una pequeña nota que sólo los implicados pudieron haber leído con gusto: “Macabro hallazgo en el Ajusco: encuentran decapitado a ex alcalde municipal”. La nota venía firmada por la agencia notimex y era una nota de relleno: “Notimex. 17 de agosto. Estado de México. En el cerro del Ajusco, cerca del poblado de San Fernando Alfeñique, fue hallado el cuerpo sin vida del señor Elías Sánchez Gut de 38 años, ex alcalde de Xintola, Oaxaca. Además se encontró el cadáver del señor Augusto Sánchez Gut de aproximadamente 35 años, hermano del anterior. Los cadáveres atados de manos y con evidentes signos de tortura fueron hallados por pobladores del lugar quienes inmediatamente dieron parte a las autoridades locales. Al lugar de los hechos acudió la patrulla 070 junto con el ministerio público correspondiente para el levantamiento de los cuerpos. Los hoy occisos presentaban impactos de bala en la cabeza conocido como “tiro de gracia”. Entre sus pertenencias se encontraban dos placas del Ayuntamiento de Xintola,  situación que dio origen a su identificación. Los pobladores del lugar dijeron no haber escuchado ni visto nada durante la noche, lo que hace suponer que fueron ejecutados en otro sitio y llevados a dicho lugar. La procuraduría del estado de México abrió varias líneas de investigación para seguir con las indagatorias. En tanto el ministerio público Lorenzo Cedillo adelantó que tal vez se trate de un ajuste de cuentas entre bandas del crimen organizado. Con información de Roberto Sánchez. Notimex”.
Doce días más tarde, el 29 de agosto, apareció otra nota en la primera plana de casi todos los diarios nacionales y con fotografías a todo color: “Atrapan en Nuevo Laredo a líder del cártel del centro: máximo sembrador de estupefacientes del país”.  La nota venía firmada por AP, Notimex y EFE. Pero el reportaje más importante por su impacto mediático fue en el noticiario de televisión de Joaquín López-Dóriga cuando presentó una breve introducción del arrestado: “Hoy la procuraduría general de la república detuvo a este hombre: Roberto Neri Abed alias el Tigre, pero, ¿quién es este hombre? ¿Qué hacía? ¿Por qué era uno de los hombres más poderosos del crimen organizado? ¿Cómo vivía? ¿Dónde lo encontraron?” “Y cuaaaaando regreeeesemos... aquí eeeeen heeeeechos —continuó esa misma noche Javier Alatorre de Televisión Azteca— les direeeeemos quieeeeeeén es eeeeeeeste hoooooombre Roberto Neeeeeri Abeeeeed y aaaaaa queeeee seeee dedicabaaaaaaaa. No see mueeeeeeva”
Ahí fue cuando Elena apagó su pequeño televisor en blanco y negro y ya no se enteró de la noticia completa, estaba cansada y harta de tener que leer tantas noticias para sólo hacerle dos o tres preguntas a los entrevistados en la cámara de senadores: Llevaba ya dos meses trabajando para el Imparcial y lo único que había sacado era hacer enojar a cinco o seis políticos que todavía no entendían que ella era principiante en esto de guardarles el debido respeto y sobre todo, de que ellos no tenían el callo de la diplomacia para salir bien librados de las preguntas difíciles de una novata. Lo único bueno es que se había hecho amiga de Carlos Orozco y de Nora, la vaca loca, Kauffman.  Y justo mañana tenía una cita con ellos para ir a comer al bar el Guateque. Pero también debía leer los chorrocientos artículos que José Bretón le daba por noche. Además, mañana habría en la cámara de senadores una votación para ver si se aprobaba una modificación al artículo 38 de la ley agraria. “Cosas intrascendentes”, le había dicho Nora cuando Elena le dijo que no podía ir a comer con ellos porque tenía que entregarle el reportaje a su jefe de redacción a más tardar a las 11 de la noche para ver donde colocaban su nota.
                —Lo que verdaderamente se pone cabrón —subrayó Nora con ojos desorbitados y la lengua de fuera como una vaca loca por lo que estaba recordando—, es cuando se va a aprobar el presupuesto federal, uta, ahí si se pone caliente el asunto... se dan con tubo. Todos salen malheridos y sangrando, ja, ja, ja.  Les toca hasta por debajo de la lengua, ja, ja, ja.  Mañana, linda y preciosa, es un paseo de campo con los senadores, es más, nada más pídele una copia al güey de prensa y con eso tienes. Mejor nos vamos al Guateque, ¿eh? ¿Qué dices?
                Elena se rascó la cabeza. Por mucha flojera que le diera leer, algo que siempre la caracterizó fue su responsabilidad. Se sentía defraudada consigo misma cuando no cumplía con lo que tenía que hacer, así había sido desde siempre, quizás por eso y no por su inteligencia había estado becada durante cuatro años consecutivos en la universidad, incluso sacó mención honorífica y “cum laudem” en su tesis, no porque fuera buena ni exquisita, sino porque fue la primera alumna de su generación en terminarla y en entregarla antes de tiempo. Alguna vez un maestro de la facultad le había dicho en clase que era verdad que el talento existía, pero que sin trabajo, el talento se iba por el caño, en cambio, una persona sin talento pero con mucho empeño en superarse podía lograr más cosas en la vida, “como tú, Elena”, finalizó el profesor su cátedra.  Elena lo miró desde su banca con sorpresa y algo disgustada: ¿Le había dicho el maestro que era inepta, sin talento o que sólo era medio pendeja? ¿Eh? ¿¡EH!? ¿O tal vez lo que quiso decir fue que ella tenía talento y que si trabajaba mucho podía lograr mucho más cosas que la gente común y corriente? Elena prefirió quedarse con la segunda versión y desde ese momento, como un flechazo directo a su corazón de pollo, cayó enamorada y rendida a los pies de su preceptor, pero como todo en la vida cuesta, y cuesta caro, jamás le dijo que estaba locamente enamorada de sus clases de ética. Entonces decidió sólo buscar el lugar más común al que se arriman todos los perdedores: se dedicó a amarlo de lejos y en silencio.
                —¿Entonces que dices, linda? —volvió a preguntar Nora.
                Elena dejó de rascarse la cabeza y contestó:
                —Está bien, nos vamos al Guateque.
 
Con esta simple elección que tomó Elena se fue configurando el incidente que explotaría en los medios de comunicación al día siguiente. Empezó en el Guateque para terminar en el Imparcial, porque ya estando en caliente, como le dijera Nora mientras brindaban con tequila, a Elena se le pasó el tiempo volando y nunca llegó a la cámara de senadores para encontrar al “güey de prensa” y que éste le diera copia del dictamen y de lo que había sucedido en la sesión parlamentaria. Entonces Elena tuvo que inventar el reportaje estando borracha quince minutos antes de entregárselo al jefe de redacción.
—Brillante —le dijo José Bretón cuando terminó de leerlo en su oficina—. Nunca me imaginé que pudiera sacarse una conclusión tan perspicaz de algo aparentemente banal e intrascendente. Te felicito. Elena.
Elena se sintió apenada pero no dijo nada porque andaba ebria. La comida en el Guateque devino en borrachera con piñas, vodka y tequila. Nora había terminado gateando alrededor de la mesa diciendo que ya no era una vaca loca sino una linda gatita. En cambio Carlos se puso a cantar imitando a Thalía sobre una silla y utilizando un salero como micrófono. Elena se despidió de ellos cuando vio que la manecilla del reloj estaba al filo de las once de la noche. Tambaleándose tomó un taxi y le indicó que se fuera directo al periódico el Imparcial. El taxista le preguntó si le hablaba en serio: ¿En serio hay un periódico llamado así o me está choreando? Elena le dijo molesta que siguiera por Reforma y luego diera vuelta en río Tíber hasta cruzar el circuito interior, pero rápido, señor, que no tengo todo su tiempo. El chofer se fue volando, pero en venganza, éste le cobró quince pesos más a la cuenta del taxímetro, pero Elena ya había pagado y subía las escaleras a toda prisa. Quince minutos después entraba a la oficina de José Bretón con el reportaje en la mano tratando de aparentar que la vida era tan sencilla como inventar una nota y que no pasara nada.
A la mañana siguiente salió en el Imparcial con grandes letras la de ocho columnas: “Modificaciones a la ley agraria sólo benefician al narcotráfico”.  En letras más pequeñas: “Conspiración y apatía en el congreso”. “Los senadores sólo violentan el estado de derecho” “Todos tenemos la culpa: sociedad civil”.  Por Elena García Fuentes, reportera.
 
(Continuará)
 
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