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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Lydia Cacho, Carmen Aristegui, Sanjuana Martínez:
dignidad de carne y hueso
9 de abril del 2008
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
LYDIA CACHO, CARMEN ARISTEGUI, SANJUANA MARTÍNEZ:
DIGNIDAD DE CARNE Y HUESO
   
     
a la memoria de Jaime Casillas, mi amigo y maestro    
     
Gerardo Oviedo    
     
     

El sábado pasado la dignidad se hizo de carne y hueso en Puebla durante la presentación del libro: “Memorias de una infamia” de Lydia Cacho Ribeiro. Con un zócalo abarrotado de personas libres y soberanas se confirma la tesis contraria a la que los políticos infames apuestan: “La memoria del pueblo es tan corta y es tan largo el olvido”. En este zócalo poblano la gente coreaba: “Ni perdón ni olvido” “Justicia”. Mario Marín no va a renunciar al gobierno poblano (después de la exoneración del máximo tribunal de justicia del país) y seguirá gozando del poder que su investidura le da, pero la memoria histórica ya lo ha juzgado. Durante la presentación estuvieron presentes la mejor periodista de México y, además, una de  las voces más importantes dentro de la comunicación: Carmen Aristegui, así como también Sanjuana Martínez, periodista de La Jornada y divulgadora de casos de pederastia en México y violación a los derechos humanos, quien con antelación había recibido dos noticias: Por un lado su columna en Milenio Diario Monterrey había sido cancelada por reorganización de esa casa editora, y por otro lado, le había sido concedido el premio José Ortega y Gasset que instituyó el periódico español El País. Noticias contrastadas en un país que vive una situación inédita: Dos naciones dentro de un mismo territorio, por un lado el de la impunidad, la transa y la corrupción, al cual pertenece Mario Marín, Ulises Ruiz Ortiz, gobernador de Oaxaca y, por supuesto, Felipe Calderón, el ilegítimo presidente de México. Y por otro lado, personalidades como las tres mujeres que, con toda dignidad, defienden la honradez, la legitimidad y la justicia: Carmen Aristegui, Sanjuana Martínez y Lydia Cacho. Mujeres excepcionales dentro de una aberrante situación periodística en México, y para muestra un botón: Personajes nefastos dentro de la comunicación como Mari Carmen Cortés, Pepe Yuste, Marco Antonio Mares y David Páramo, quienes eran los toleteros alebrijes de los empresarios en radio fórmula durante la campaña electoral y que insultaban sin el menor recato al entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, a través de su vileza y venalidad, han conseguido espacios protagónicos dentro de las televisoras en señal abierta, que demuestran un solo axioma válido para su bajeza: ¡Corrómpete y vencerás! EXTRA UNO: Nada más para la historia: Cuando estudiaba en la mejor escuela del mundo hace más de una década: La Escuela de Escritores de SOGEM en Coyoacán, me tocó tomar clases de Historia de la Cultura con un sujeto delgado, barba blanca, lentes rectangulares y un notorio estrabismo en su ojo izquierdo. Yo no lo conocía, sólo había oído hablar de él, el cineasta Jaime Casillas. Hombre extraordinario, muy culto y gran conversador. Durante una clase, donde nos mostraba diapositivas de monumentos históricos, a mí se me ocurrió comprar unas diapositivas de unas mujeres semidesnudas e intercalarlas con el Partenón de Grecia y los rosetones de la Cathédrale de Nôtre-Dame, como una broma estudiantil. Jaime, hombre de un humor extraordinario, siempre celebró mi ocurrencia: Que bárbaro, exclamó a la mitad de la clase mientras se proyectaba la imagen de las mujeres, ¡Eso si es arte y no las piedras encimadas que estábamos viendo!, y echamos a reír. Descansa en paz, querido maestro. EXTRA DOS: La defensa contra las artes oscuras de la privatización ha comenzado: 10 mil mujeres empezarán a recobrar para México la dignidad que se ha perdido. La defensa del petróleo es de suma importancia para mantener esa utopía llamada soberanía nacional. Y en Estados Unidos Barack Obama sigue cosechando triunfos y elevando la esperanza de millones de norteamericanos que buscan un cambio y una esperanza del único color válido para la política: La transparencia.

 
TODA LA RABIA DEL MUNDO
“Nunca se entra por la violencia, dentro de un corazón.”
 Jean-Baptiste Poquelin, Molière 
PARTE 40
95.
¡FUEGOOOO!, gritó el Sangrías y el pelotón de fusilamiento disparó con toda la rabia del mundo. “Tenerle miedo a la muerte es casi como tener miedo a hablar en público, nada más que sin la vergüenza”, había leído hacía tantos años en alguna revista de las que publican pequeñas frases famosas para despistados, casi como palabras de auto superación personal para imbéciles. Como los libros que me compraba mi madre cuando me tiré a la weba crónica después del abandono de Sofía. Libros que me llevaba para ver si me componía de una vez por todas (o  en su defecto, que por fin me suicidara con un librazo en la sien al no cumplir todos los requisitos de esos manuales filosófico utilitarios –suicidio que alguna vez catalogué como de mata mosca): “Aprende a vivir contigo mismo”, decía por ejemplo uno que mi madre había comprado en un supermercado, y comenzaba: “Tú, querido lector, tienes en tus manos la llave del éxito para comenzar a vivir de una manera diferente contigo mismo. Siguiendo este método encontrarás respuestas a cada una de sus dudas, a todas sus preguntas en el difícil arte de existir. Y como primer paso te diré: No temas vivir. No temas vivir con plenitud. Sácate la idea de la flojera y sonríe. No temas adentrarte en ti mismo y descubrir que eres una magnífica persona. Busca y descubrirás que todos, hasta los que han perdido las ganas de vivir, tienen algo bueno que mostrarle al mundo. Ante todo, deberás aprender y utilizar tres palabras nuevas dentro de tu vocabulario: Esperanza, Alegría y Fe. Dinamita todos tus malos pensamientos con estas tres palabras, sal y piensa que la vida es bella y que las cosas se pueden mirar de otra forma, una forma hermosa y verdadera. Vamos, levántate y juntos, tú y yo, salgamos adelante que hoy el sol brilla para todos.” O eso era lo que recordaba haber leído del libro antes de arrojarlo a un lado de la cama y volver a mirar la oscuridad del techo enclaustrado por mis cobijas y mi repelente al movimiento: ¡Ms webos ke! Para tiempo después, cuando los libros de superación personal fueron un pila enorme en mi dormitorio, conocí a mi novia Karla, mientras mi hermana Clara y su esposo estaban en campaña unicelular  por la senaduría de la república, al tiempo que mi hermana menor Anaís andaba haciendo estragos internacionales, pues de lo que me escribiera en una de sus cartas de su viaje a Nueva York, algo aparecería en el periódico semanas después, donde se reseñaría en la nota cultural que una poeta nacional radicada en Francia había cimbrado al mundo literario neoyorquino, sobre todo al poner en su lugar, como nadie lo había hecho jamás, a Peter K. Wilkox, crítico literario de una de las más influyentes revistas literarias estadounidenses: “Poetry” Bang, bang, bang, se oyó el disparo del pelotón: Y cuando abrí los ojos, aún estaba vivo. Las descargas del pelotón se habían concentrado en un solo objetivo: El Barcelona, Jaime Barcelona, ex compañero de la escuela, compañero de parranda y mujeriego empedernido, y si hubiera tenido los nervios calmados y no como estaba en ese momento, con el corazón a punto de estallarme, habría pensado que acababa de perder la apuesta, aquella que  hiciéramos hace muchos años sobre su asesinato: El Barcelona había sido muerto antes de los treinta por un montón de paramilitares y no por su esposa Raquel, alguna amante enfurecida, en un accidente automovilístico como predijera el Perlotas o por algún sacerdote cuando insultara a Dios y a toda su parentela cuando andaba borracho. Las balas le habían pegado de lleno en el pecho y su cuerpo se había ladeado hacia la izquierda y aún continuaba moviéndose en sus últimos estertores de vida. Un borbotón de sangre comenzó a mancharle la camisa que llevaba desde el día en que nos vimos para ir al estadio de béisbol y que había mantenido durante todo su secuestro. En ese momento el paramilitar se le acercó al Barcelona con una pistola automática, la puso sobre su frente, y, antes que el cuerpo terminara sus últimos temblores, le voló la cabeza en pequeños fragmentos que mancharon parte del tronco donde estaba atado. La cabeza o los restos del cráneo del Barcelona se doblaron hacia delante como una flor que se ha secado. Luego ya no hubo ningún movimiento. Los paramilitares lanzaron un grito de júbilo y después, cuando yo ya no sentía las piernas por el susto y el coraje, el Sangrías se acercó al pelotón: ¡Desaten a esos dos cabrones que hoy tuvieron suerte! ¡Mañana quien sabe! y echó a reír tanto con sus dientes postizos que tuvo que detenerlos con su mano derecha para que no salieran de su boca y aterrizaran en el polvo de aquel lugar. Junto a mí, el Perlotas todavía no abría los ojos, supongo que pensaba que estaba muerto y quería entender como se pasaba del más acá al más allá. Lo que si vi, porque un paramilitar comenzó a burlarse: ¡Ese ya se cagó!, es que el Perlotas había manchado sus pantalones a la altura de la entrepierna. Esperanza, alegría y fe, me vinieron de golpe en ese momento, casi como volver a respirar, pensar que yo no había sido el fusilado era un consuelo, ¿un consuelo de qué?, ¿para qué? ¿Para pasar todos mis ratos libres conmigo mismo? Y entonces la rabia. El desconsuelo: ¡Pobre Barcelona, a su esposa Raquel le va a doler y, lo peor de todo, lo va a extrañar como nunca lo ha extrañado, pensé mientras me conducían de nuevo al dormitorio, pobre Barcelona, seguí pensando cuando me dejaron solo los paramilitares en la casucha y me senté sobre el catre, por lo menos hubiera aprendido a pelear para morir con dignidad! Y la tarde comenzó a esparcirse sobre su cuerpo que yacería enclavado en esa estaca hasta que los buitres se lo hubieran cenado. ¡Me hubieran matado a mí, carajo!, pensé ya de madrugada, cuando por las dos ventanas la luna se volvía luz y yo seguía tiritando bajo una premisa: ¡Tenerle miedo a la vergüenza es peor que tenerle miedo a la muerte! ¡Carajo!
 
(Continuará la próxima semana)

   


   
   
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