Literator, literatura contemporánea
Novelas, prosa, cuentos, poemas, ensayos, libros,
artículos periódisticos, columnas, blogs, talleres de literatura

Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
correo: ge-o@literator.de
 
 
Obama
4 de junio del 2008
Columna del escritor Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
Gerardo Oviedo    
     
OBAMA
   
     
     
a Raquel, por su cumpleaños
Oscuro es el norte de la esperanza
bajo una luz de guirnaldas y olivos
así defienden sus propias palabras
más que candidato es un movimiento
aunque perdiendo todo cambie el mundo
   
   

EXTRA 1: Barack Obama ahora ya es el candidato demócrata para la presidencia de los Estados Unidos. Por principio no se debería otorga el beneficio de la duda a ningún candidato demócrata (mucho menos republicano) de esa nación, sobre todo, después de conocer la historia intervencionista que caracteriza a sus gobiernos (recuérdese la doctrina Monroe). Pero en este principio de milenio, la esperanza y el sentimiento de cambio que ha generado su candidatura, puede ser el punto de partida para una nueva perspectiva mundial. Su discurso, parecido al de Amlo, sobre la forma de hacer política y dejar de lado a los políticos tradicionales, ha perneado casi en todas las capas sociales de los norteamericanos. La transformación de la sociedad y, como punto medular, que miles de personas (entre artistas, intelectuales, creyentes, ateos, y millones más), que jamás se habían interesado por la política, ahora han ingresado a su campaña, demostrando que la gente está ávida de cambiar y sumar, en vez de restar. Ávida de encontrar un estado de felicidad y bienestar (que también propuso Amlo), detener una guerra fraticida en Afganistán e Irak y punto de partida para lograr un equilibrio entre un mundo avasallado por políticas destructivas, entre las que se encuentran en mayor número las implementadas por Washington: guerras económicas y militares en todas sus escalas durante todos sus gobiernos, ecocidios en todos los rincones del planeta, deshumanización, intolerancia e hipocresía (recuérdese Guantánamo, donde a los presos se les violan sistemáticamente todos sus derechos humanos) ya que dicen defender la justicia, la democracia y la libertad y son los peores esclavistas y ejercen el terrorismo en todas sus vertientes. Ahora la verdadera lucha está por comenzar, cuando las campañas sucias se hagan presentes en los medios norteamericanos e intenten destruir a Obama como lo intentaron con Amlo en México. Porque allá, con Darth Vader del lado oscuro de la fuerza, los republicanos lucharán a muerte para no perder sus privilegios económicos, que es a lo que se reduce su postura ideológica: Todo para mí, nada para los demás. EXTRA 2: Visita el portal www.ciudadcultura.com.mx y desde esta columna le mando un saludo fraternal a mi amigo y tocayo Gerardo Arturo Zepeda Ordorica y a Lydia Lob por el esfuerzo de conjuntar arte y negocio, aunque el arte muy raras veces pague.
 

TODA LA RABIA DEL MUNDO
“La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.”
Friedrich Nietzche.
PARTE 48
108.
Pero el principio básico de toda alucinación es el agua: ¡Un río!, prorrumpí a mitad de un claro del bosque mientras me arrastraba a toda prisa como serpiente para encontrarme con aquellas beatíficas aguas al tiempo que mi garganta ya se dilataba con una profundidad de pozo tal y como la nariz se expande para recibir más oxígeno después de una gran carrera. Pero segundos después supe que todo era mentira, una maldita alucinación, al darme cuenta que me estaba echando buches de arena en la boca: ¡wuaaaaaj! ¡cof! ¡cof! ¡wuaaaaaj! ¡cof! ¡cof!, tosía mientras escupía toda la arena (salvo la que se me había quedado incrustada en los dientes). ¿Acaso Descartes había estado sediento a mitad del rayo del sol y había llegado a alucinar su filosofía del: “hasta no ver no creer y aún viendo, dudar”, que en este caso sería: hasta no probar no gustar y aun gustando, escupir? ¿Acaso Dante había sufrido tanta sed al bajar con Virgilio a los infiernos y ver que el peor pecado era la traición y no implorar un vaso con agua con tanta tortura alrededor? ¿Acaso Jesús no alucinó a dios padre en el desierto para convertirlo en el monólogo interior de un loco sibarita? Me di vuelta cuando terminé de escupir todo lo que podía: ¡cof! ¡cof! hasta quedar con la espalda hacia el suelo y la boca seca a flor de piel. Llevaba casi dos días sin probar agua y mis ojos ya estaban tan deshidratados que sentía perfectamente como mis cuencas del cráneo se habían afilado hacia el frente como un par de spolier aerodinámicos. Unos pajarracos negros comenzaron a revolotear en círculos metros arriba de mí. Pero eso no sucede en la vida real, intentaba pensar: ¡Shu, shu, shu, pajarracos, lárguense de aquí, putos! ¡No me vayan a sacar los ojos cuando muera! ¡Mejor píquenme los webos, cabrones! Pero la vida no sucede como en las caricaturas, no debe suceder en la vida real, seguía pensando mientras los cuervos graznaban a  mi alrededor, y era como lo que había pasado con un fotógrafo de nombre Kevin Carter, el cual había ganado el premio Pulitzer por fotografiar a un buitre detrás de una a una niña sudanesa, raquítica, esperando su muerte para devorarla (tiempo después el fotógrafo se suicidaría al enchufar una manguera al escape de su auto y así, entre el humo del motor, contemplar por última vez el río donde jugaba de niño cuando era un buitre. ¡Maldito Carter!, yo con tanta sed y tú suicidándote a unos metros de un río). ¡Y ahí fue cuando lo oí!, el ruido transparente de agua que caía en cascada. ¿Me habré equivocado de alucinación? Aunque jamás había visto en una película que alguien alucinara por el oído, tal vez porque visualmente no aportaba nada, dando a entender que los ciegos estaban fritos a la hora de alucinar. ¡Sí, es un chorro de agua que cae! Intenté levantar la cabeza pero el cuello ni siquiera hizo el esfuerzo por contraerse. Sólo giré los ojos hacia abajo y pude ver que un maldito cuervo ya se había posado en la punta de mi zapato. Quise espantarlo de una patada, pero tampoco mis piernas me respondieron. El maldito cuervo empezó a caminar con pequeños brincos muy lento hacia mi tobillo y luego hacia mi espinilla y mi rodilla, casi como una danza macabra. ¿Me vas a picar los webos, cabrón? Pretendí conversar con el plumero negro, pero me di cuenta que había quedado mudo y sólo me salían gorgoritos de arena.  Entonces lo miré a los ojos con una mirada asesina para que huyera asustado ante la visión de un psicópata, pero el maldito cuervo dio un salto más y de repente sentí un picotazo a la altura de la entrepierna. Pero por increíble que parezca no me hizo doblar por mitad, sino que sentí el dolor ya muy lejano. Como si empezara a desvanecerse en un caudal de abandono. Un sueño. ¡Y el agua tan cerca y yo tan lejos... me voy a morir y con estos pinches cuervos culeros nadie me va a encontrar jamás! El cuervo volvió a picotearme y en ese momento una parvada de sus congéneres aterrizó a mi lado y se me fueron acercando como una jauría de gallinas vestidas de esmoquin graznando: nevermore, nevermore. ¡Si quiera esperen a que me muera, no sean ojetes, pinches cuervos! Nevermore dijeron al unísono con sus picos como guadañas, pero en ese instante oí el ladrido de un perro que se acercaba: arf, arf, arf. Los pájaros echaron a volar de inmediato al sentir la presencia de la amenaza canina: ¿Perlotas, eres tú?  De inmediato sentí su lengua babosa olfateándome el cuello: ¡Aquí está! ¡Ya lo encontramos, mi comandante! ¡Los cuervos nunca se equivocan! El Sangrías se acercó y se puso en cuclillas a mi lado: ¡Qué pinche suerte tienes, cabrón gusano! y oí risas antes de quebrarme por completo.
 
109.
Yo creía no volver a abrir los ojos y llevarme esa última imagen tatuada en la retina. ¡Qué maldita suerte hubiera sido! Como llevarse un mal recuerdo de alguien muy querido, un mal sabor de boca filtrado por la retina.  ¿Había conocido a alguien que hubiera muerto y regresara para contar que es lo último que había visto? ¿Cuál será la postrimera imagen que se me llevaré a la tumba? Si los paramilitares eran los que me habían encontrado, entonces esta vez sería crucificado sin juicio sumario en la punta del árbol más alto, tal y como se colgaba del cuello a los independentistas en los árboles como racimos de uvas. Pero cuando desperté escuché mucho ruido y vi a unos hombres vestidos de blanco con chalequitos naranja y no de verde olivo que llevaban cascos como de astronautas, además me vi con un catéter apuñalando mi vena que me pasaba una especie de suero transparente. Mi mano izquierda estaba vendada. A mi lado, en otra camilla, estaba el Perlotas con una camisa de fuerza y un bozal. ¿Qué había pasado? ¿De dónde veníamos y adónde íbamos? Porque parecía que estábamos dentro de un helicóptero y el aire de las aspas hacía brincar al vehículo. ¿Qué día era hoy? ¿Existe una explicación lógica a todos estos eventos? Porque lo último que yo recordaba era estar tumbado boca arriba muerto de sed peleándome con los cuervos y luego unos ladridos y luego el Sangrías amenazándome con sus dientes postizos y risas de sus compinches. Pero eso no podía pensarlo en ese momento con el ruido de las aspas revoloteando por todas partes, sino que la sábana que me cubría parecía un velo fantasmal. Uno de los hombres de blanco y naranja se me acercó con una jeringa en la mano: No trate de hablar, enfatizó. Pero al ver que yo comenzaba a temblar bajo el sudario, agregó: Qué suerte tiene, señor, ya es un hombre libre de nuevo. Nosotros somos de la cruz roja internacional y fuimos los encargados de trasladarlo para su liberación. Los guerrilleros lo acaban de soltar esta tarde. Lo tenían en condiciones infrahumanas, pero alégrese, está vivo. ¡No fue la guerrilla!, quise decirle, pero el paramédico ya había inyectado la sustancia al catéter, después agregó: Ahora duerma, señor. Tiempo después me enteraría que el padre del Perlotas había hecho todo lo posible, desde su millonaria posición, para que el gobierno siguiera financiando a los paramilitares y estos nos liberaran.
 
110.
Antes de abrir los ojos moví instintivamente la mano derecha hacia mis webos porque sentía comezón. Ya despiértate y déjate de rascar, webón, oí la inconfundible voz de mi madre que me ordenaba, como siempre, la conducta de una vida decente y que, por ende, progresa a plenitud sin ningún tipo de comezón. El cuarto del hospital estaba lleno de globos, unas famélicas flores amarillas depositadas en un jarrón kitsch, un letrero multicolor que rezaba un obituario de felicidad: “Bienvenido”, un par de enfermeras y un doctor y parte de mi familia revoloteando alrededor. Así que intenté volverme a hacer el occiso para descansar en paz pero no pude, mis párpados y la comezón en el ecuador de mi cuerpo me habían denunciado ante la concurrencia. En una esquina estaba mi hermana mayor Clara y su esposo, quien intentó bromear conmigo: Hierba mala nunca muere, dijo con una sonrisa de oreja a oreja, y ya hasta habíamos hecho los preparativos para tu funeral y mira, todo para nada, ¿no es así mi vida? Y se echó una de sus risas fingidas para que los demás supieran que había tenido la osadía de bromear en un momento como este. Su esposo sólo agregó: Así es, mi cielo, tanto para nada. El doctor se acercó con una carpeta metálica: Que bueno que ya despertó, luego insufló una gran bocanada de aire para continuar, usted se encuentra en perfectas condiciones salvo una pequeña cosa, hemos hecho todo lo posible para salvar su mano. Mi madre continuó: Está muy infectada. Clara improviso: Creo que hasta tenías gusanos vivos dentro.  En ese momento toda la habitación pareció quedar en silencio. Las enfermeras me echaron una rápida mirada. Mi madre me quitó un par de cabellos que habían resbalado por mi frente: Esperemos en dios que no la pierdas, porque si no nunca vas a poder encontrar trabajo, webón. Quise levantar mi mano para darme una idea de que sucedía pero algo la prensaba a la cama del hospital. Levanté un poco la cabeza y la vi sembrada de tubos metálicos por todas partes. ¡Carajo!, jamás voy a poder aprender a tocar el piano, pensé, ¡si me la cortan ya nadie podrá hacerme manita de cochino jamás! y me eché a reír como un marrano desquiciado.
 
(Continuará la próxima semana)
 

Y no dejes de visitar mi blog del taller de novela: http://taller-de-novela-de-gerardo-oviedo.blogspot.com, y no dejes de inscribirte al taller que comienza el 1ero de julio.  

   


   
   
© Todos los derechos inclusive los de autor recaen en los autores
   


Literator http://www.literator.de
Literatura contemporánea Sugerencias, comentarios...a:
http://literator.de contacto-literat@literator.de
   
 

© 2004-2010 Literator.
Todos los derechos reservados. All rights reserved