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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Petróleo o la comunidad del fracaso IV
10 de diciembre del 2008
Columna del escritor Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
 
Gerardo Oviedo
 
PETRÓLEO O LA COMUNIDAD DEL FRACASO
 
 
para Arturo Rueda, por su cumpleaños
 
(IV de IV)
 
 
7

Bernardote acomodó el fajo de maderos en una esquina. Sacó de la bolsa la taza y la colocó sobre la madera. Con los maderos secos que sobraban de la excursión anterior, encendió el fuego. Regresó al libro antiguo y comenzó a leer: “Ingredientes: Una cucharada de sal, dos de lúpulo, tres de casia amarga, un poco de aceite de girasol, tres granos de cebada, un poco de boj, con tres cuartos de agua...”
Bernardote seleccionó todos los materiales y comenzó a mezclarlos en el mortero, luego siguió leyendo: “Luego el hombre los puso al fuego y, ante sus ojos apareció una sustancia: Había logrado hacer lo imposible: Convertir agua en petróleo, entonces, la humanidad sería, por fin, salvada.”
 

8
Hasta el siguiente martes, Carlos llevó el primer borrador de su cuento a Mariana, quien lo leyó mientras llegaban los demás.

—¿No te parece un poco ridículo que tu personaje este obsesionado con fabricar cerveza? —dijo Mariana cuando terminó la lectura.

Carlos guardó silencio. Su gran idea estaba siendo echada por tierra. Destrozada por una lógica elemental de verosimilitud. Ahora que lo pensaba mejor, ¿quién le iría a comprar la historia de un personaje como el suyo? Miró a Mariana y frunció el entrecejo.

—¿Pero es cierta la fórmula de la cerveza? —preguntó ella.

Carlos asintió con la cabeza.

—Que bueno que dejaste de beber cerveza, Calos, parece que ya te afectó demasiado el cerebro —y se echó a reír.

Ella tenía razón, pensó Carlos, ¿a quien carajos le interesaría un personaje que se pasaba toda su vida tratando de encontrar la fórmula perfecta para fabricar cerveza? Eso era absurdo.

Cuando llegó a su departamento, encendió la computadora dispuesto a borrar semejante estupidez, pero no lo hizo. Miraba la pantalla: CERVEZA, Cerveza... leía Carlos por aquí y por allá. Entonces se le ocurrió sustituir todas las palabras de Cerveza, por otra... pero ¿cuál? ¿Qué escribir? Probo con varias palabras, hasta que se le ocurrió escribir Petrólo y así lo imprimió. Lo guardó en un baúl, Luego buscaría la forma de adaptar su texto al nuevo esquema que se le había ocurrido, después de todo, llevaba meses sin poder escribir nada y esto era lo primero. Aunque siempre sentía amargura al pensar que, como era mal escritor, todo lo que hiciera iría a desaparecer tarde o temprano.

Y tenía parte de razón. Carlos nunca publicó nada y jamás volvió al bar a beber con Mariana y sus amigos. Murió atropellado por un microbús en una esquina mientras pensaba en otra gran historia que contar.

 
 
EPÍLOGO

Mil cuatrocientos veintitrés años después, cuando la recesión económica había acabado con todo y el petróleo era una lejana, lejanísima leyenda, un joven de nombre Bernardote había encontrado en una construcción derrumbada cerca de donde había existido una ciudad de nombre Puexla de los zangeles, un manuscrito amarillo y desgastado por el ambiente. Ya no había tecnología y apenas los humanos transitaban para sobrevivir. Había esqueletos de coches que alguna vez habían visto en recortes de los pocos periódicos que lograron sobrevivir al fuego después de que los energéticos se acabaron hacía más de ochocientos años y cualquier cosa era susceptible de producir calor. No volaban aviones ni había ropa con que vestir. El cielo se cubría con esa capa gris de contaminación y, dentro del círculo eterno que la historia tiene, todo parecía que volvía al principio de las cosas: La época de las cavernas. Y, aunque hombres y mujeres sabían la causa de su desagracia, no podían remediarlo. Sólo ese joven utópico llamado Bernardote siguió al pie de la letra lo que decía el texto antiguo para intentar salvar a la humanidad. Murió en el año lejano de 3431 después de Cixto sin haber conseguido su propósito: “Cuando se inventó el petróleo, el mundo volvió a tener sentido para el hombre...”



   
   
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