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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
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Revolución
22 de agosto del 2006
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
REVOLUCIÓN    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     

“Es inconcebible una revolución
que no desemboque en la alegría.”
Julio Cortázar

   
     

“Cada tesis es falsa por lo que afirma en forma absoluta, pero verdadera por lo que afirma relativamente”, sentencia como hipótesis el psicoanalista José Bleger. Por ello, la siguiente tesis, probablemente falsa, será verdadera en tanto se sustente en lo relativo de su argumentación: Los hombres y mujeres que permanecen en resistencia civil pacífica en el zócalo de la ciudad de México persiguen no una idea de mundo (enraizada tal vez en la Utopía de Thomas Moore), sino en lo práctico que puede tener esa idea en la transformación de ese mundo en que viven, es decir, los convocados, bajo el conocimiento de causa que tienen sobre el momento histórico en que están participando buscan (y buscarán), aunque las condiciones políticas son adversas, por cualquier medio el cambio al modelo político, económico y social que los ha llevado a la resistencia civil. Apotegma sencillo, pero que convalida una postura de últimas consecuencias: “Si no hay solución, habrá revolución”.
 
Andrés Manuel López Obrador ha pronosticado que el movimiento de resistencia civil llegará hasta donde la gente quiera, hasta donde la gente esté dispuesta a llegar. En una hipótesis a modo de pregunta: ¿hasta dónde está la gente dispuesta a llegar? Y en una pregunta sucesiva: ¿Hasta dónde los participantes del movimiento que impulsa una verdadera democracia y no una república simulada son capaces de soportar, de aguantar una imposición de estado como es la asunción de Felipe Calderón en la silla presidencial?
 
Las revoluciones, en su concepción más antigua, se gestan por el atropello a la que son sometidos comunidades, grupos sociales, pueblos, ciudadanos, esclavos y todos aquellos que sienten vulnerados sus derechos, su vida, la fragilidad de un entorno que se ve fracturado por una causa “límite”. La revolución, en teoría, es un cambio relativamente brusco y rápido de la historia hacia algo que suponen servirá para mejorar las condiciones en que se encuentran. Y como afirma Michel Foucault en una entrevista concedida a Jean-Pierre Barou: “Cuando se pregunta por una nueva justicia, el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fueran castigadas, sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sentirían sumergidas, inmersas, en un campo de visibilidad total en el cual la opinión de los otros, la mirada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es nocivo.
 
Esto está presente constantemente en los procesos de la revolución.” Argumento que sustenta el encono en los plantones de la capital y de muchos estados de la República Mexicana. La opinión sobre el adversario político crece proporcionalmente a la fecha en que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dé la constancia de presidente electo a Felipe Calderón, porque todo, trágicamente, indica que así se va a dictaminar.

Voto por voto, casilla por casilla que en días pasados fue golpeada, con toda la ironía del caso, por tanquetas pacíficas que resguardaban el Congreso de la Unión, y donde los convocados sintieron el omnipresente peso del poder que los avasalla. El poder de estado de Vicente Fox.
 
Los convocados están de acuerdo en una cosa dentro de las divergencias que pudieran tener: “Felipe Calderón no va a llegar a la presidencia” con todos los sinónimos, antónimos y epítetos que se pueden leer desde la Plaza de la Constitución, en el centro histórico de la capital, hasta la fuente de Petróleos Mexicanos. Millones de personas no están de acuerdo con el resultado de las elecciones, con pruebas contundentes como argumento: la guerra sucia en contra del candidato de la Coalición por el Bien de Todos, la utilización de programas sociales para beneficiar al candidato de la derecha. Con la recapitulación de la historia reciente: los video escándalos, el proceso de desafuero del entonces jefe de gobierno del Distrito Federal. La empresa Metadata y los oscuros manejos por parte del Instituto Federal Electoral, su presidente Luis Carlos Ugalde en complicidad con Hildebrando y las inconsistencias del Programa de Resultados Electorales Preliminares y más tarde con las inconsistencias en miles actas y casillas. Y la reciente video confesión de Carlos Ahumada Kurtz que involucran directamente a Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Cevallos, Rafael Macedo de la Concha, Santiago Creel Miranda y por supuesto Vicente Fox Quesada como orquestadores de un ataque directo en contra de Andrés Manuel López Obrador y el proyecto alternativo de nación.
 
“Si no hay solución, habrá revolución” se prefigura como la negociación más cercana que podrán tener protagónicos y antagónicos. Y en sentido cultural ya ha comenzado la revolución. Por lo menos en el campo de las artes y de las ideas, tal y como señala el sociólogo francés Michel Maffesoli, autor de Elogio de la razón sensible y que puede tener su punto de partida en Erasmo de Rótterdam y culminación en Immanuel Kant: De la locura a la cordura (razón), sólo queda la revolución y que señala el pensador: “en estos tiempos de paso de la modernidad a la postmodernidad vivimos una revolución cultural”.  Y que aplicado a estos tiempos de resistencia civil pacífica en México, las revoluciones que se gestaron en el pasado por los ilustrados burgueses, hoy tienen un diferendo: la gente de todas las clases pero informada es la que sustenta el movimiento. Gente capaz de la crítica y del discernimiento hacia lo que es mejor para su vida, por el bien de todos, para el país. Gente “homo libertas” que configura el movimiento de revolución cultural que está a lo largo de todos los plantones, donde la pluralidad de corrientes artísticas: música, plástica, literaria, danza, teatro, pintura se han dado cita para replantear desde una postura estética una nueva forma de abordar los problemas político electorales de México.

            La revolución ha comenzado y la gente que ya no tienen nada que perder y todo por ganar, que en este caso son millones, pasará de la revolución teórica a la práctica, contestando la pregunta hipotética primera, llegará hasta las últimas consecuencias porque el fin último es la Democracia y la resistencia civil es el medio. Y al final, como escribiera Julio Cortázar, la alegría.
           

   
     


   
   
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