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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
correo: ge-o@literator.de
 
 
De grillos a grillos
14 de agosto del 2007
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
DE GRILLOS A GRILLOS    
     
Gerardo Oviedo    
     
     
     

al Ache, por su cumpleaños
a Nora y María también
y a Lucy

   
     
     

El saltimbanquismo político es similar a los grillos que brincan de una rama a otra para conseguir mejores alturas. Aquí en Puebla todos los políticos son chapulines. Así vemos que dejan un cargo y se van a otro, y, cuando vienen las elecciones, sus hormonas se alteran y van en busca del hueso sagrado. La congruencia y el trabajo es lo de menos. Con tal de brillar en la estratosfera política, no les interesa más que sus propios intereses. Y si no los aceptan en su partido, se van a otro, migran con el supuesto de llevar su capital político y vendérselo al mejor postor. Pero siempre son los mismos, la crema y nata que se junta con el pan y no con la tortilla. Compran ideologías como libros de superación personal y se aprenden una frase fundamental que explotan de dientes para afuera: Trabajaré sin descanso por el bien de México. Juntos trabajaremos por Puebla. Y para muestra un botón, vemos como Ruiz Esparza brinca, Javier López Zavala, brinca, Emilio Maurer, brinca, Moreno Valle, brinca y tantos otros que saltan por los pasillos de la historia convertidos en macetas. Pareciera que la palabra mágica para construir candidaturas es: rana, ¡y brincas! No velan por el ciudadano, no les interesa la justicia, la democracia, la libertad. Se escurren como serpientes para escalar el árbol más frondoso para comer los mejores frutos. El hambre del pueblo lo ven desde sus alturas tiránicas y sólo ofrecen migajas o represión. Y cuando ya están instalados en el poder absoluto, se convierten en piezas poblanas preciosas para engalanar desfiles de opulencia y desperdicio. Pobre Puebla, que dentro de su expresión máxima, se reduce a la mínima potencia: Una olla de grillos, que son el cultivo para que las cosas vayan de mal en peor.
 
TODA LA RABIA DEL MUNDO
“Podrán cortar todas las flores pero nunca terminarán con la primavera.”
Ernesto Che Guevara
PARTE 12

34.
Mi novia Karla habría de recriminarme tiempo después aquella mordida que me había dado la chica sonrisas en el cuello. Pero en ese momento, mientras me besaba y descubría el chupetón recién hecho, sólo atinó a zambullirse en el viejo apotegma de los insensibles: ojos que no ven... corazón que no siente, y lo único que hizo fue preguntarme mientras me intentaba martillar un chupetón nuevo sobre el chupetón viejo con los ojos cerrados: ¿Me amas, mi amor?, como si esperara que mi respuesta afirmativa soportara nuestro universo. Yo no sabía que llevaba tatuado en el cuello aquel botón de infidelidad hecho en el estadio de béisbol. Así que me desabroché de su abrazo y, como la peor telenovela de todas las peores, me aparté cambiando el tema: Entro a las 2 y tengo que prepararme para salir... no quiero llegar tarde el primer día de trabajo, ¿me entiendes, Karla? Ella hizo a un lado sus emociones romántico-inquisitoriales y, con evidente claridad, me puso a mí por delante de sí misma. El Yo primero antes que nada. Antes que el Tú segundo, el Yo primero: Ok. Te espero para llevarte al trabajo, al fin que ya falté a la oficina y no tengo nada que hacer, sentenció. Esto podría haber sido una excelente propuesta de transporte, claro, si yo tuviera un trabajo al cual entrar y estuviera a punto de llegar tarde. Pero uno no siempre reacciona a la velocidad de la luz para zafarse de sus propias mentiras, y menos a las once de la mañana y recién levantado de la cama, así que contesté en una secuencia tripartita de imbecilidad: 1) Está bien. 2) No me tardo. 3) Me voy a bañar. Tres frases cortas, precisas, como las tres frases que oí aquel día mientras declaraba ante el consejo guerrillero de Sofía, cuando terminé de leer mi cartita amorosa y les dije que había corrido porque me temblaron los güevos y no sabía ni por qué: 1) Pinche culero marica 2) Dejaste abandonado a sus suerte a nuestro camarada 3) Y aparte de coyón, pésimo conquistador desgüevado. Sofía permanecía derrumbada sobre su silla en medio de la guarida de estudiantes, temblando. De pronto, como la estatura que adquieren los héroes trágicos a la hora de la batalla final, Sofía espetó a la concurrencia de chavos morosos y rémoras andantes: ¡Lárguense todos y todas para afuera! ¡Menos tú!, y me señaló con todo el brazo extendido. Todos los ojos se centraron en ella como si hubiera bajado dios a dictar una conferencia magistral sobre su principio divino para después volverse hacia el mortal condenado, que en este caso era yo y mis nalgas sudadas. Y si no fuera por mí incomprensión de ese momento hacia lo que pasaba, hubiera jurado que toda aquella camada de escuincles pubertos estaban enamorados de Sofía por la fracción de segundos que contemplé sus ojos clavándoseme en la piel como aguijones. Incluso podría haber elaborado una hipótesis si hubiera tenido tres neuronas despiertas ese día: La belleza de Sofía era el instrumento de convocatoria para iniciar una revolución armada. Los muchachos se levantaron de inmediato, traspasaron el umbral como niños regañados y cerraron la puerta con dureza. Sofía me volvió a mirar con sus ojos cataclísmicos: ¿Qué pretendes? ¿Qué buscas? ¿Qué quieres de mí? Yo bajé la mirada y, con toda la dulzura de mi corazón, contesté para que ella de diera cuenta en mis ojos de borrego a medio morir: No lo sé... yo... ¡Entonces no me estés chingando!, contestó de inmediato y después, suavizando la voz con su aroma tradicional, continuó: ¿Sabes lo que significa nuestra revolución? ¿Sabes que es mucho más importante que cualquier otra cosa en el mundo?
 
35.
Cuando salí del baño, Karla aún estaba ahí. Esperándome con sus piernas cruzadas sentada a la vera de la mesa. Mi novia es una chica hermosa. Tiene curvada la cuadrícula de la piel hasta formar una geografía perfecta: Los pechos se mantienen todavía alejados de las fuerzas gravitacionales y su cintura delgada se convierte en un magnífico trasero bifurcado que, como la misma gravedad de las estrellas, atrae miradas de hombres y mujeres por igual. Goliath muchas veces se ha quejado de eso con una envidia amarga. Dice que dios lo castigó con un cuerpo de hombre para su alma femenina.  Y argumenta para su defensa que todos los hombres quisieran tener cuerpo de mujer, porque si no, para qué se les mira tanto las curvas, y para que se les acaricia cuando están desnudas. Dice que hacer el amor con una mujer no es para poseerla, sino para llenarse de ellas, copiarlas con las manos y con la retina para fijarlas en la memoria y querer sentir qué sienten ellas. Y si no, fíjate en todas las películas porno, donde el wey siempre está mirándole la cara a la chava para ver si la hace gozar, su sexo no importa, lo que importa son sus ojos. Es más, si le preguntas a cualquier wey qué sería si fuera mujer, te contestaría que sería bien puta para saber qué se siente ser poseído. Pero Goliath no sabe de estas cosas, salvo su fugaz encuentro con Diana, su compañera de preparatoria, sólo ha mantenido relaciones amorosas con Joana y Brenda, sus compañeros de la oficina burocrática del gobierno. Al principio me costó trabajo acostumbrarme a los cambios hormonales de Goliath. Después de haber sido mi amigo toda la vida, me era difícil verlo transformarse en chica. En ese tiempo fue cuando recordé que yo siempre le hablaba de mujeres y él se quedaba callado o cambiaba de tema. Muchos años después me caería el veinte que en verdad, siempre había estado hablando con una mujer con bigote. ¡No quiero que me digas nada! ¡Sólo acéptame como soy!, me había escrito en una carta días después que lo encontré semidesnudo y con zapatillas y pantaletas en su casa. Yo quise romper todo contacto con él. Me parecía que, además de ser una traición a nuestro código de honor, el hecho de hacer amistad con un gay me significaría a futuro el mismo estigma social de persecución o, en todo caso, me podría contagiar su homosexualidad con sólo saludarme. Pero cuando Goliath fue a visitarme y me aclaró y juró y perjuró por dios que yo no le gustaba para nada, y que aunque yo fuera el único hombre sobre la tierra, preferiría hacer el amor con un roedor antes que conmigo, me convenció. Su contundencia por un lado me hizo sentir bien, al comprobar que él jamás había tenido intenciones deshonestas conmigo, pero por otro lado: ¿por qué con todos menos conmigo? Y se lo dije alguna vez cuando andaba borracho. ¡Porque estás refeo, manito, y no eres mi tipo!, me contestó y siguió bailando como una loca desaforada. ¿Y de qué conseguiste trabajo, mi vida?, oí a Karla desde la sala. Su pregunta hizo que el nudo de mi corbata vacilara entre mis manos: ¡Es una sorpresa!, fue lo único que se me ocurrió para salir del paso. Cuando estuve listo, Karla me miró de arriba a abajo: No recordaba lo guapo que te ves con traje y corbata, hace tanto tiempo de eso que ya casi lo olvidaba. ¡Te amo tanto, mi amor!
 
36.
El amor en nuestros tiempos ya no es de cólera, sino de rencor, cuando el enojo ha pasado y sólo queda el sedimento de los besos. De la pasión más baja y humillante que se quiera. Amar ahora es un botín robado entre las horas de hartazgo y porque se debe, no porque se quiere. Amar es la forma más rápida de irse al infierno por dos vías: Porque se ama demasiado o porque se ama tan poco. Soledad y compañía muestran el perfil que el amor siempre ha sido un peso insoportable. Y aunque es imposible, todavía hay personas por el mundo pregonando que se puede amar solo o acompañado. Pero el amor, en el último de los casos, es como un acto de fe, estar condenado al misterio y saber que por más rezos y plegarias, el amor jamás bajará de su cruz para latir de nuevo. Y sin embargo, algunos creen que los milagros existen. ¿Entendiste? Sofía me acababa de recetar un discurso parecido a este que hizo que se me zarandearan tres o cuatro neuronas con lo que acababa de decir. No había comprendido muy bien todo el significado de aquella sarta de palabrejas. Cuando me preguntó que si comprendía el alcance de su revolución y la importancia para la humanidad, le dije que no. Que no entendía ni madres y además, ya iba por el tercer libro que me había prestado y seguía sin entender nada. Si no entiendes nada, maestro, no importa, ¡nuestra revolución va más allá de nosotros y nosotras!, sólo somos una gotita de agua en el gran engranaje del universo. Sólo buscamos la trascendencia de nuestro prójimo y prójima. Nosotros y nosotras no queremos nada para nosotros y nosotras. Todo para todos, nada para nosotros. Seremos la lluvia que hará florecer los campos y aliviará la sed de los necesitados y necesitadas. Luego se quedó como dormida con los ojos abiertos. Ahí me di cuenta que cuando Sofía elevaba su discurso a rango metafísico, casi místico, sus ojos azules dilataban su pupila para captar más mundo que el que veía a diario, como si la luz que le entraba por la retina fuera una verdad absoluta que debía captar a través de los colores. Luego regreso de su viaje astral y continuó: Por eso te pido que nos ayudes, mi estimado. Que en verdad pienses que puedes cambiar el mundo con sólo pensarlo. ¿Entendiste? Yo estaba todavía muy dolido por su contestación cuando me había mandando directamente a freír espárragos y que dejara de chingarla. Pero no tuve más remedio que contestar con un parpadeo compungido que aceptaba sus condiciones en nuestra relación unilateralmente amorosa. Donde yo llevaba todas las de perder. Pero ante el amor, como ante los milagros, uno desconfía pero pierdes el control cuando los sentidos te engañan. Y te lanzas tras el fuego aunque después los buitres coman tu hígado todos los días, y eso no te importa, el dolor a futuro es un espejo que jamás miramos. ¿Entonces ya estás listo, mi vida? Me preguntó Karla. ¡Sí!, le contesté y salimos zumbados de mi casa hacia mi trabajo ficticio para no llegar tarde a un lugar que no existía. Karla aceleró su deportivo y me preguntó: ¿Hacia donde vamos, mi amor? Derecho y en la primera das vuelta a la derecha hasta topar con pared. Karla aceleró de nuevo el auto y nos perdimos en la ciudad como las personas se pierden a cada instante.
 
(Continuará el próximo miércoles)

   
     


   
   
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