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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
correo: ge-o@literator.de
 
 
La mafia nos robó la presidencia
3 de julio del 2007
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
     
     
     
LA MAFIA NOS ROBÓ LA PRESIDENCIA    
     
Gerardo Oviedo    
     
   
“También han jugado un papel importante comunicadores voluntarios que nos han ayudado a romper el cerco informativo mediante la utilización de internet, como es el caso de El sendero del Peje y RadioAMLO”
Página 260, “La mafia nos robó la Presidencia”
Andrés Manuel López Obrador
   
     
a mi mamá, a mi papá, hermanos
y sobrinos por estar presentes
   
     
     

La furia de la gente libre y soberana, durante la conmemoración del primer año del fraude electoral fraguado por los grupos de derecha, por el fascismo que se ha instalado con más pena que gloria en la presidencia de México, se tradujo durante este fin de semana pasado en una resistencia civil pacífica, ordenada, con una idea clara que se necesitan refundar las instituciones de la república. Así, dentro de un ambiente excepcional, se llevaron a cabo diversos eventos que ilustran que la Convención Nacional Democrática sigue vigente. Que el Frente Amplio Progresista ha incorporado a un número importante de organizaciones sociales, sindicales, ONGs. Así como que el gobierno legítimo, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, ha credencializado a más de un millón de ciudadanos en todo el país. Hombres y mujeres que serán requeridos cuando, como todo parece indicar, el gobierno de Fecal intente privatizar los sectores energéticos de México.  Millones siguen de pie, resistiendo, luchando, para que todos vivamos con dignidad. Así se llevó a cabo en la explanada del monumento a la Revolución la presentación del libro “Amanecer en el Zócalo” de una de las más grandes escritoras de nuestra lengua: Elena Poniatowska para tatuar en la historia y con sus palabras el mayor movimiento político en tiempos recientes. También en el Club de periodistas se dieron datos duros, concretos de lo que fue el fraude electoral y la operación que hizo el panismo junto con los grupos empresariales. Y ya, durante la mega marcha del Ángel de la Independencia hacia el zócalo capitalino, miles de personas marcharon para protestar por esta imposición espuria: “Porque no habrá perdón ni olvido”. Y para cerrar, un extracto del libro “La mafia nos robó la presidencia” de Andrés Manuel López Obrador y que, a este su servidor, quien se quedó durante los 49 días que duraron los campamentos en el zócalo capitalino, le llenan el corazón de lo mejor que puede existir en el mundo: Libertad.

“Durante la estancia en el zócalo, resistimos todo: las intensas lluvias, las granizadas, el frío, las incomodidades de vivir a la intemperie pero, sobre todo, padecimos de un clima de linchamiento impresionante de los medios de comunicación. Sin ninguna consideración, se nos atacó por estar bloqueando el centro de la ciudad. Por más que repetimos que era más peligros y más costoso para nuestra patria el cierre de la vía democrática que el de las calles del centro de la ciudad, se ensañaron atacándonos. Nunca explicaron nada del fraude electoral, que fue lo que nos llevo a tomar esas medidas. Callaron como momias y gritaron como pregoneros para denostarnos...” (pág. 257)
                “Fue enorme el sacrificio de quienes participaron en los plantones para mantener en alto la bandera de la dignidad. Aguantaron de manera estoica los ataques de nuestros adversarios; la incomprensión de mucha gente que no alcanzaba a ver el carácter injusto y la gravedad de la situación, así como el desprecio de los poderosos con el clasismo y el racismo que desataron...” (pág. 259)
 
 

TODA LA RABIA DEL MUNDO

"Los que hacen imposible una revolución pacífica
harán inevitable una revolución violenta."
John F. Kennedy
PARTE 6

16.
Y me madrean: Sofía con sus ojos grandes, marítimos, profundos. Los fascistas con sus toletes, cascos y gritos. Sofía intenta curarme el tajo de la cabeza que no ha parado de sangrarme. Un granadero me dio un toletazo a unos cuantos centímetros de alcanzarla mientras la chica sonrisas, años después en el palco del estadio de béisbol y bajo un aguacero que no para, me dice que donar tres millones de dólares ficticios a una causa altruista es la tontería más grande del mundo y que nadie sería tan estúpido como para hacerlo. En tanto Sofía sigue apretando con fuerza la cortada haciendo hemostasia para que no me desangre y, casi en sentido literal, no se me caiga la cara roja de vergüenza.  Los granaderos siguen atacando a unos cuantos muchachos que se han atrincherado en un callejoncito, que para variar, no tiene salida. Están arrojando lo que encuentran a mano: piedras, todo su odio, botes vacíos de refresco, mucha impotencia, pedazos de banqueta, consignas contra el gobierno, contra el fascismo, la intolerancia, incluso uno ha tomado un palo y comienza a practicar esgrima con el tolete de un granadero: Además de imbécil eres muy lento de reflejos, mi estimado, me dice Sofía mientras sigue presionando con un pedazo de camisa que me arrancaron entre tanto jaloneo. En eso se acerca a nosotros otro sujeto: No se la cierres, Chofi, que haya pruebas. Si no luego qué presentamos ante los de derechos humanos, ¿eh? Hay que tomarle fotos, ¿ya lo vio el Sangrías? Sofía hace más presión sobre mi herida: ¡Llámalo pronto!, ordena Sofía al chavo, quien sale disparado hacia uno de los laterales. El granadero ya ha desarmado al muchacho del palo y ahora él, junto con tres de sus compañeros, lo arrastran hacía una de las furgonetas que se han provisto como cárceles ambulantes. Aquí está, llega el chavo medio sofocado seguido de otro que lleva una cámara fotográfica y los pelos alborotados que le caen sobre la frente: ¡Pero ponlo en el piso y que se vea harta sangre!, le ordena a Sofía. Ella deja de presionar sobre mi herida y le da un pequeño zape. En eso siento como mi sangre comienza a brotar de nuevo al correr por mi frente y por la nuca: Ahora tírate ahí, hermano, me ordena el de la cámara, pero rápido antes que se vayan los granaderos y no podamos tomarlos como fondo. Pero yo sólo venía comprar el mandado, intento defenderme, pero Sofía ya me ha empujado y me acomoda en el pavimento con la cara hacia el suelo: Ahora haz como si estuvieras muerto, carnal, me indica el otro chavo: ¡Pero no saques tanto la lengua, wey!, me dice el de la cámara, que así nadie te la va a cree. Entonces meto mi lengua en mi boca y sólo cierro los ojos, es cuando comienzo a sentir el concreto que está siendo abrasado por el sol mientras escucho gritos a lo lejos.
 
17
Pero cerrar los ojos no dura tanto más que cuando uno esté muerto. Así lo veo muchos años después, cuando la chica sonrisas me intenta convencer que las causas altruistas no valen la pena y que uno sólo se debe preocupar por uno mismo mientras el Barcelona intenta meter mano debajo de la blusa de Heidi y ella se resiste con el argumento que apenas si se conocen y sus pechos sólo podrán ser tocados después de tres o cuatro citas. El Perlotas mejor se ha quedado callado frente a Francesca porque intuye que entre sus balbuceos y el italiano, en vez de sexo, habrá guerra, como si vislumbrara por chiripa que la torre de babel no es un mito. Esto lo digo porque en un abrir y cerrar de ojos el pasado se ha convertido en presente y mi mundo, aquel insano lugar donde era feliz se ha derrumbado. Sofía me dijo, cuando las fotos ya habían sido tomadas y ya estaba de pie: Ves, así es el mundo, esos weyes son unos cabrones que no piensan, son como máquinas asesinas. Luego me llevó a su guarida para seguir presionando sobre mi cabeza. Mundos que se derrumban como cuando se le derrumbó el mundo al padre de Goliath el día de su cumpleaños: Hola, dijo Goliath antes que su padre apagara las velas, pide tres deseos papá, y entre ellos pide uno para mí, para que sea feliz porque soy gay. El padre de Goliath no entendió de primer momento lo que le quería decir su hijo, y esto todos lo suponemos porque exclamó: Ese es mi rey, chingao, y sopló con fuerza para apagar todas las velitas. Después cortó un pedazo de pastel y, cuando Goliath repitió: No, papá, no rey, sino gay. El padre de Goliath se sumió en un silencio que sólo fue roto cuando clavó el cuchillo sobre la mesa y no probó pastel, ni fiesta ni regalos. Ahí fue cuando Goliath decidió no decirle a nadie más lo que hacía tiempo él ya sabía. Su padre dejó de hablarle hasta que ya estaba muy enfermo, más de una década después. Su madre en cambio fue mucho más benevolente: Ay, mijito, conozco un doctor que cura de todo, desde cáncer hasta la caída del cabello y juanetes, voy a sacar una cita para mañana mismo. Pero después de probar desde pastillas homeopáticas, jarabe de uña de gato, sábila asada y hasta inyecciones de vitamina C, Goliath siguió siendo Goliath como las rosas son rosas por su perfume aunque cambien de color.
 
18.
La guarida de Sofía era una casa de estudiantes que sólo contaba con tres habitaciones, una mesa que le faltaba una pata y que estaba en un rincón, muchos postres en la pared, dos sillas y un catre donde se apilaba un montón de periódicos, revistas y volantes revolucionarios. Dentro de su habitación había una repisa con libros y un par de casetes para grabadora. La cabeza comenzó a zumbarme de nuevo. Acuéstate aquí, me dijo para que me tirara sobre una colchoneta raída y sucia, voy por un poco de alcohol. Salió y yo me quedé mirando una manta que estaba colgada en la pared: “Quien a los 20 años no es socialista, no tiene corazón, pero quien a los 40 años no es revolucionario no tiene madre”. ¿Te gusta?, dijo Sofía cuando entró, ¡Yo la hice! Luego me extendió un vaso: Aquí está el alcohol. ¿No me lo vas a poner tú?, le pregunté: No seas tonto, y echó una carcajada donde pude ver sus dientes blancos perfectamente alineados, es para que te lo tomes y a ver si así se te olvida el madrazo. Sólo con esa palabra me di cuenta de la ropa que Sofía llevaba puesta, parecía como si su belleza me hubiera cancelado mis otros pensamientos. Sus ojos, su nariz y su boca eran el triángulo de las bermudas para mis ojos navegantes. Sofía vestía un pantalón acampanado de mezclilla y roto por los costados donde se le notaba la piel. Llevaba una blusa blanca con un bordado en letras que decía: “Todos somos uno”. Y en las muñecas cientos de pulseras de todo tipo: ¿Eres terrorista?, le pregunté una vez acabé de un trago con todo el alcohol del vaso. Recuerdo que ella me miró tan profundo que lo único que yo pude hacer fue bajar la mirada y contemplar sus botas negras. Como en este momento en que contemplo las zapatillas doradas de la chica sonrisas en el palco del estadio de béisbol, sus piernas son perfectas para esa minifalda anaranjada. Ella me sigue hablando mientras el Barcelona ya le ha tocado el pecho izquierdo a Heidi y ella lo está besando en el cuello anulando su argumentación pasada. El Perlotas ha arrinconado a la italiana hacia uno de los costados del palco e intenta seducirla parando la trompa. Unas botellas de cerveza vacía se apilan sobre la mesa. De pronto la chica sonrisas se incorpora y, con una agilidad felina, se monta sobre mi regazo, toma mis manos y, con una fuerza inusitada, las pone sobre sus nalgas: ¡Deja de pensar pendejadas y mejor hazme el amor!
 
(Continuará el próximo miércoles)
 
No olvides sintonizar www.radioamlo.org en tu programa: “El arte científico de la política”, con don Renato y tu servidor. Lunes a viernes de 11 a. m. a 1 p. m.  

   
     
     


   
   
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