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Escritor - Literato  
Gerardo Oviedo  
correo: ge-o@literator.de
 
 
Sobre la tumba de los Héroes
21 de mayo del 2008
Columna de Gerardo Oviedo
El sonido y la furia
publicada en el periódico El Cambio
     
Gerardo Oviedo    
     
SOBRE LA TUMBA DE LOS HÉROES
   
     
para Adriana Mendiola y Ferrer Galván
   
   
Alejandrinos:
   

¿Tenemos para luchar todo el tiempo del mundo
o el mundo sólo es una parte de nuestro tiempo?
¿Quién de todos los que luchan vuelven victoriosos
a reclamar el trono histórico de la luz?
¿Quiénes cosecharon los triunfos de aquellos héroes?
¿Quién con millones lucha en las calles por comida?
¿Quién dice alto a la guerra cuando mueren millones?
¿Quién queda en casa viendo su propia indiferencia?
¿Cuándo asesinan por igual a hombres y mujeres
todo el horror se borra a la vuelta de la esquina?
¿Quién dice basta cuando el agua desborda ríos?
¿Cuándo caen tormentas sobre tus ojos vacíos
quién alza la voz para cambiar a otro camino?
Ya lo he dicho tanto y no me canso de decirlo:
El mundo es una canica con la que jugamos
y entre el juego cualquiera puede ser un gigante
Sólo hay que donar una parte justa a la vida
para responder con fuerza mi última pregunta:
¿Quién dice ante el destino estoy listo a ir primero?

   
     
     

EXTRA 1: Para Ripley’s: Cuando en 2006 se cometió el fraude electoral Televisión Azteca estuvo de parte del Instituto Federal Electoral (IFE), sacando reportajes y notas a modo. Deformando la información para beneficio del candidato oficial y sus secuaces para mantener a raya al grueso de la población. Hoy, en que ese demacrado Instituto pretende imponerle una multa por los Spots transmitidos durante la guerra sucia en contra de Amlo, y por lo que sucedió durante la toma de las tribunas por parte del FAP,  y en donde se le comparaba al “presidente legítimo” con Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta, la televisora del Ajusco se lanza con todo contra este inicuo instituto y sus consejeros “investigando a fondo” sobre sus inmensos sueldos, aduciendo que es el negocio perfecto para volverse millonario, tal y como se lanzó contra los diputados cuando aprobaron la incompleta reforma electoral, recuérdese a un Javier Alatorre vociferando en medio de la noche y en horario estelar si era justo que a usted, ama de casa, le quitaran su telenovela, o usted, señor, su partido de fútbol, para difundir política. ¡Que en México se iba a acabar la libertad de expresión al prohibirle a particulares contratar espacios para agredir, denostar, calumniar, injuriar, vilipendiar, sobajar, denigrar al político de izquierda que usted más quiera!  Como a los narcotraficantes: A estas televisoras malditas y peligrosas para México no hay quien pueda ponerles un alto. ¡Qué pena de país! EXTRA 2: Nos vemos el jueves 22 de mayo en la presentación de la Gira literaria para errantes. Lectura a cargo de Alejandra PeartGeorgina LizethKaren Rojas Kauffmann y Víctor H. Benítez. Música a cargo de la No estar band. Casa del Escritor: 5 oriente 201, Centro. 6 pm. Y el viernes 23 de mayo: Presentación de las 5 revistas. Música a cargo de Nono Tarado. FiestaamenizadaporDjReikos. Profética, Casa de la Lectura. 3 sur 701, Centro. 7 pm. ¡No faltes!

 
 
TODA LA RABIA DEL MUNDO
 “El hombre es un dios cuando sueña,
y un pordiosero cuando reflexiona.”
Friedrich Hölderlin 
PARTE 46

104.
El vidrio comenzó a aparecer bajo la cicatriz de mi mano como una flor cristalina de pétalos puntiagudos. Sentía los dedos húmedos debido a la sangre y al sudor que ya estaba resbalando por mis brazos. Debía apurarme, ya que los paramilitares no salían de sus escondrijos hasta que el sol matutino hubiera menguado un poco. Usualmente hacían sus entrenamientos por la mañana temprano o por la media tarde (hoy era la excepción por mi supuesto fusilamiento y era como una especie de catarsis silenciosa) y acababan de desaparecer por la vereda que conducía del campamento hacia los troncos que usaban para las ejecuciones donde yo estaba amarrado y obligado a la tortura del exilio por órdenes del Sangrías. El cristal me punzaba bajo la piel y, por el puntilloso esfuerzo de desenterrarlo de la palma de mi mano, me hice pequeños cortes en la yema de los dedos. Pero era mi libertad o gotas sicalípticas de sangre cayendo a un lado del tronco. El sol ya estaba deslumbrando en este pequeño claro. ¡Por fin conseguí liberar el vidrio con todo el dolor del mundo! Sentía punzadas en las arterias que se me engarrotaban. Aprecié el cristal como una moneda triangular que prensé con mis dedos. Las ataduras a la altura de mis muñecas estaban bastante apretadas pero logré girar un poco el brazo derecho y doblar la mano con el cristal entre los dedos y comencé a cortar. Era un esfuerzo bastante difícil. Tal vez hasta imposiblemente ingenuo. Sobrehumano. El cristal, por la humedad de la sangre y el sudor, resbalaba por la superficie de mis ataduras como un arco sobre las cuerdas de un violín tocando una obertura a la desesperanza. Apenas sentía que cortaba casi nada. Después de un rato, en lo que el sol hizo una sombra más espesa sobre la base de los árboles de alrededor se me empezaron a adormecer las extremidades enteras y tenía que parar de vez en cuando para que la fuerza no me fallara y, en una de esas, el cristal cayera de mis manos y diera al traste con mi extraordinario plan maestro para escapar de los paramilitares. Luego de un par de horas en que: a) un cuervo se paró sobre los restos del hombro del Barcelona y comenzó a picotear su cuello esperando encontrar gusanos o carne podrida y luego se marchó con algo en el pico, b) un paramilitar que había pasado con unos maderos en los brazos me gritara a lo lejos: ¿Cómo te va, gusano, ya quieres que te fusilemos de verdad?, c) que ni una maldita nube apareciera en el cielo para taparme el sol y que la piel de mi frente no se comenzara a escoriar junto con mis labios resecos, d) que en un esfuerzo desesperado por terminar lo más rápido posible el cristal se me partió (aunque  me dejó un pedazo un poco más filoso pero más chico y difícil de agarrar), e) orinarme de nuevo en los pantalones por el susto y f) suspirar como pocas veces lo había hecho en mi vida cuando corté, por fin, la primera cuerda. Esto me trajo varias cosas buenas: 1) Aflojó la presión que tenía sobre mis hombros y me permitió que circulara más sangre (el suspiró oxigenó mi cerebro que ya estaba casi derretido). 2) Flexibilizó la libertad de movimiento de mi mano derecha por la nueva distancia que tomó. 3) Pude renovar mis esperanzas de escapar, que había perdido cuando el cristal se partió y quise mandar todo a la chingada. y por último, 4) Supe que tal vez en menos de la mitad del tiempo que había utilizado en cortar la primera cuerda, cortaría la segunda y última, así que me puse a trabajar como hormiga tal y como alguna vez mi hermana Anaís escribiera en su libreta morada cuando era niña: “Las lagartijas sólo necesitan sol para vivir. En cambio las hormigas pueden ser apachurradas con mi dedo y nadie me dice nada. ¿Quiénes son más felices? ¿Las que trabajan toda la vida o quien sólo necesita estar quieta bajo los rayos del sol? Las hormigas no son seres vivos aunque estén moviéndose todo el día, en cambio las lagartijas que no se mueven están más vivas cuando se tiran a contemplar la luz del día.” Pinche renacuaja loca de remate. Cuando ya el sol estaba casi a punto de hacer salir, como lombrices, a los paramilitares, sucedió el milagro: La segunda cuerda dejó de tocar su obertura y dio paso a una sinfonía de esperanza: cedió ante el vidrio y pude liberar mis manos. Todavía no había ni un solo paramilitar a la redonda. El dolor de mi mano izquierda era terrible, agudo, húmedo, pero aún así me doblé por la cintura para poder desatar las cuerdas que me sujetaban por los tobillos. Lo hice, y en menos de lo que pensaba, me encontré escapando en dirección contraria a donde estaba el campamento paramilitar mientras escuchaba aullar al Perlotas a lo lejos: ¡Auuuuuuu!
 
105.
Ya estaba entrada la tarde y continuaba huyendo con mucha sed. Lo primero que había hecho al escapar era envolver mi mano lastimada en una hoja de una planta que encontré en el camino y que comenzó a picarme a los pocos minutos. Después corté un pedazo de tela de mi camisa y con eso la envolví como un torniquete. Pero ahora la sed me mataba. Durante mis entrenamientos en la casa de estudiantes guerrilleros ambulantes jamás me habían enseñado como huir de una situación así, mucho menos, como conseguir agua entre tantos árboles, riscos y vegetación prehistórica. A los sumo, cuando nos daba sed, pedíamos permiso a la comandanta Sofía e íbamos al grifo de la zotehuela a beber y mojarnos la cabeza y, cuando salíamos en misiones patrióticas a luchar contra la oligarquía y por la dignidad de todos, lavando cristales de automóviles en los semáforos para juntar recursos económicos para nuestra lucha verdadera, llevábamos nuestras cantimploras. ¿Y entonces cómo consigo agua en medio de este maldito bosque? Recordé de pronto alguna revista de Kalimán que leí cuando era niño y, durante una de sus aventuras, lograba sobrevivir bebiendo el rocío que se acumulaba en las hojas de los helechos. Me acerqué a uno, pero estaba cubierto sólo de polvo. Busqué más allá, cerca de un risco. Nada, absolutamente nada de agua. Quise entonces recordar alguna película gringa donde hubiera una situación semejante, pero sólo recordaba los balazos, los perros tras el fugitivo y los efectos especiales, pero no recordaba los detalles de su alimentación o su modo de sobrevivir, salvo al imbécil de Rambo, que se ponía una ballerina en la cabeza para su greña hollywoodense y que para las heridas usaba pólvora y fuego de utilería, en tanto, las películas europeas no me servían para un carajo, porque sus escapes siempre eran hacia sus mundos interiores y reflexivos. Seguí caminando con la seguridad que de todas maneras iba a morir, libre, pero muerto, que a fin de cuentas era lo mismo. ¿Dónde queda el norte, carajo?, me pregunté después de un rato en que ya comenzaba a alucinar, tratando de acordarme de mis clases de geografía, pero sólo lograba recordar que el norte estaba lleno de nieve, osos polares y pingüinos. Contrario al paisaje de ahí, y si hubiera estado de vacaciones, tal vez me hubiera parecido encantador: Un fresco bucólico donde los cerros se desparramaban como ovejas por todas partes sembrando un espacio lleno de gritos de pájaros en árboles salvajes. Pero que en ese momento el paisaje sólo me producía ronchas en la piel, ampollas en los pies y mareos en la boca del estómago por falta de agua. La tarde continuó hasta volverse azul y luego negra. Seguí caminando todavía un rato más a tientas hasta que la noche hizo detenerme por completo debido a su oscuridad profusa, llena de ruidos extraños. Me acomodé dentro del hueco de una roca que había tentado hacía un momento con mis manos de ciego y, después de unos minutos en que cerré los ojos, me quedé profundamente dormido. Y a diferencia de todas las películas y novelas del mundo, no soñé nada. Absolutamente nada. Ni en el mar debido a mi sed, ni en Sofía, ni en monstruos, ni en mi casa, ni en nada ni nadie. Alguna vez había pensado que los escritores siempre ponían a soñar a sus personajes porque se les habían acabado las ideas y debían llenar 5 minutos de irracionalidades. Entonces sacaban a relucir sus locuras que podían ser prescindibles de la historia porque no aportaban nada, quizás sólo pérdida de tiempo. Pero como la vida es distinta a esos engendros patéticos de los novelistas, yo sólo me dormí sin moverme un ápice de cómo había quedado sembrado en el hueco de la roca parecido a una estalagmita humana.  Mis energías por fin se habían fundido, con la oscuridad, como las alas ante el cielo.
 
 
(Continuará la próxima semana)

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